Sánchez, máximo responsable de esta nueva ola de violencia ultra

EDITORIAL

La entrada en prisión de un delincuente reincidente que sólo sabe vomitar odio e incitar a la violencia terrorista ha sido el pretexto utilizado por la extrema izquierda para desatar una ola de disturbios que han tenido especial gravedad en Madrid y Barcelona.

Una vez más, la izquierda radical ha vandalizado las calles, arrasado comercios, destruido mobiliario urbano y vehículos particulares, aterrorizado a la ciudadanía, atacado a las fuerzas del orden. Lo que es ya un espectáculo habitual en los predios de la tóxica Ada Colau se ha vivido también en Madrid, donde numerosos indeseables trataron de convertir la Puerta del Sol en escenario de una batalla campal al más puro estilo batasuno.

Como era de prever, la izquierda podemarra ha jaleado a los vándalos y puesto en la mira a las fuerzas de seguridad asegurando son su habitual vileza que estamos ante un episodio de rebelión cívica por la libertad de expresión.

Esta izquierda criminógena y liberticida hasta las heces jamás ha defendido la libertad de expresión, sino una ley del embudo que le confiera impunidad y coarte a quienes le hacen frente. El delincuente bocazas al que quieren ver libre es un ser execrable que está en prisión después de haber sido condenado en repetidas ocasiones por amenazas, desacato, allanamiento y agresiones, no por berrear letras infames propias de un psicópata.

Por descontado, el problema no es ese tipejo que, por otra parte, desprecia a los politicastros que lo defienden por pretendidamente tibios y vendidos. Lo realmente grave es que la violencia callejera esté siendo azuzada por un partido que forma parte del Gobierno.

Iglesias y su banda tienen cada vez menos apoyo popular y son cada vez más despreciados, por eso han decidido incendiar literalmente las calles. La izquierda podemarra quiere batasunizar España y Pedro Sánchez y sus lacayos –empezando por el infame Marlaska– no hacen nada. Pedro Sánchez es de hecho el principal responsable de esta deriva extremadamente peligrosa, que puede tener consecuencias trágicas.

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