Papelón de Almeida

EDITORIAL

Los presupuestos del Ayuntamiento de Madrid del año próximo serán aprobados definitivamente en los próximos días gracias al apoyo de los cuatro ediles escindidos de Más Madrid. Los concejales carmenitas, que pasaron al Grupo Mixto tras su salida del partido de Errejón, se han convertido en la clave para que el equipo de Gobierno municipal formado por PP y Ciudadanos apruebe las cuentas del ejercicio próximo y no se vea obligado a prorrogar el presupuesto de 2021.

Esta singular comunión de intereses entre el centro-derecha y la ultraizquierda carmenita sorprenderá notablemente, y no sin razón, a los votantes del PP madrileño, mucho más próximos al ideario de VOX que al radicalismo de la escisión de una escisión del movimiento podemita. Pero, en realidad, no cabe sorprenderse de este pacto de Almeida con los ex concejales de Más Madrid, puesto que se trata del segundo gran acuerdo de Gobierno alcanzado por los mismos protagonistas en lo que va de legislatura.

El primer entendimiento entre el equipo de Gobierno municipal y los cuatro rebeldes de Errejón tuvo lugar durante las negociaciones para sacar adelante Madrid Central, el gran proyecto de Manuela Carmena para regular el tráfico del centro de Madrid con grave perjuicio del comercio y de los usuarios más vulnerables. Almeida, que basó su campaña electoral en la promesa de acabar con Madrid Central, sacó adelante el proyecto de su antecesora con algunos cambios cosméticos para irritación de VOX, su socio natural, partidario de que el alcalde cumpliera su promesa. Desde entonces, las relaciones entre Almeida y Ortega Smith se han agriado hasta culminar ayer en la falta de entendimiento para sacar adelante los presupuestos del Ayuntamiento de Madrid del año próximo.

Es difícil no ver en estos desencuentros una suerte de representación de las estrategias que pretenden seguir a escala nacional ambos partidos. Por parte del PP, lo ocurrido ayer en Madrid sostendría la teoría de Casado de que VOX es irrelevante, puesto que su partido puede llegar a acuerdos puntuales con otras fuerzas políticas. Los de Abascal, por su parte, con su negativa a aprobar los presupuestos municipales dan un golpe en la mesa para demostrar que sus votos no van a ser gratuitos, en contra de lo que pretenden los estrategas de Génova.

La consecuencia de todo ello es que la situación política en el ayuntamiento de Madrid no puede ser más decepcionante para el votante de centro-derecha, que asiste a este espectáculo insólito entre unos partidos llamados a entenderse. Y mientras Almeida y Ortega Smith se lanzan los trastos a la cabeza, Sánchez asiste complacido desde su sillón de La Moncloa a estas continuas batallas entre los dos principales partidos de la oposición, de las que él es el principal beneficiario.

En lugar de ofrecer discursos grandilocuentes encomiando la capacidad de acuerdo con la ultraizquierda madrileña, Martínez Almeida haría mucho mejor en recomponer las relaciones con VOX, el partido sin cuyo apoyo hoy no estaría en la alcaldía de la capital de España. El alcalde de Madrid debería también tener presente que las elecciones municipales tendrán lugar en menos de 18 meses, un plazo demasiado corto para que los votantes olviden según qué traiciones.

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