O el PP cambia o lo cambian

EDITORIAL

Del dramático panorama que pinta la encuesta del CIS sólo se puede extraer una conclusión: el PP se aproxima a una debacle y ésta puede ser de una magnitud tal que los populares queden irreconocibles después del 24 de mayo.

Por si la masiva pérdida de poder autonómico y municipal fuera poco, los augurios tampoco son nada buenos de cara a las generales: mientras el PP sigue cayendo el PSOE parece estar ya en un lento rebote y Ciudadanos mantiene una trayectoria espectacular a la que por ahora no se adivina un techo. La ucedización de los populares se presenta como una posibilidad cada día más real.

Es obvio que el electorado está, por ahora a través de las encuestas aunque también lo ha hecho en anteriores confrontaciones electorales como las europeas o las andaluzas, mandándole un mensaje claro al PP y, muy especialmente, a su cúpula directiva: o rectifica el rumbo que hasta ahora marca Rajoy o enfila hacia el precipicio.

Es obvio también que aquello a lo que la dirección popular confiaba la recuperación de su electorado –la mejoría de los datos económicos o el miedo por el ascenso de Podemos- no están siendo efectivos: el PP sigue con una sangría en la que cada sondeo es peor que el anterior.

Ante este panorama el PP puede seguir sin inmutarse hacia una muerte casi segura, o puede plantearse realizar aquello que le piden esos votantes que huyen en masa de sus siglas: un relevo que no sólo sea un mero cambio de caras sino que refleje un cambio en los modos de hacer de Génova, que podrían ser útiles –aunque siempre han sido reprobables porque la democracia interna debería ser una obligación y no una opción- en la primera década del siglo, pero que ya no son admitidos por una parte importantísima de la sociedad.

No basta –aunque es imprescindible- que Rajoy de un paso atrás y no sea candidato en esas elecciones generales: es necesario que el PP se abra a un proceso democrático, ya sea en un congreso abierto o en unas primarias, en el que los militantes puedan expresarse en libertad y del que surja un liderazgo nuevo, reforzado, más cercano a la actual situación política en España y capaz de retornar a un camino, el de un partido de centroderecha con un ideario liberal-conservador, que nunca deberían haber abandonado.

En una situación distinta y con las aguas de la política española menos agitadas, el PP no habría tenido mayor problema en sobrevivir a un gobierno como el de Rajoy que, como mínimo, ha sido muy decepcionante. En la España del S XXI, de Internet y de los nuevos partidos si los populares quieren sobrevivir tienen que reinventarse en el fondo… y en las formas.

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