Nicaragua y los revolucionarios por cuenta ajena del Gobierno del Reino de España

EDITORIAL

Como estaba dictado, la farsa electoral orquestada por el tirano Daniel Ortega ha desembocado en una victoria abrumadora del Frente Sandinista de Liberación Nacional, de facto el único partido que queda en Nicaragua.

El régimen ha encarcelado a los líderes opositores, ilegalizado tres partidos y vetado la presencia de observadores dignos de tal nombre. Tanto la Organización de Estados Americanos (OEA) como la Unión Europea (UE) han afirmado que la votación del domingo no reunió las mínimas garantías democráticas. Las principales cancillerías occidentales han condenado asimismo la burla sandinista y el presidente de EEUU, Joe Biden, ha llegado a hablar de "pantomima electoral".

Cuando aumenta el rechazo entre la población, criminales los que detentan el poder en Nicaragua no hacen sino redoblar la represión. Como su semejante Nicolás Maduro, Daniel Ortega se ha lanzado a la persecución o al asesinato terrorista de disidentes, a la demolición de las instituciones y a la manipulación de los procesos electorales, al tiempo que enriquece obscenamente a sus secuaces mientras sume en la miseria a la inmensa mayoría de la población.

Como el comunismo del S. XX, el socialismo del siglo XXI utiliza el crimen y la miseria como elementos de sometimiento y corrompe profundamente tantos las instituciones como las sociedades en las que medra. Nicaragua es sólo un trágico ejemplo más de la devastación que producen una ideología y una manera de gobernar que, para imperdonable vergüenza de Pedro Sánchez Castejón, defiende y promueve buena parte del Gobierno del Reino de España, empezando por la glamurosa revolucionaria por cuenta ajena Yolanda Díaz, que jamás tendrá la decencia de vivir como predica.

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