Negacionismo del Gobierno ante la represión comunista en Cuba

EDITORIAL

Mientras el régimen castrista intensifica con nuevas detenciones la brutal represión del hartazgo que causa en los cubanos la miseria y la falta de libertades, el Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez ha dado en escenificar un espectáculo nauseabundo. Así, lejos de condenar a la dictadura comunista y de exigir el inmediato cese de la represión, ha tenido la desvergüenza de emitir un comunicado inicuo en el que se limita a manifestar que "sigue con mucho interés y muy de cerca la situación en Cuba" y que está "a la expectativa de ver cómo evoluciona (...) la situación".

Ni que decir tiene que, para evacuar un comunicado tan despreciable, mejor hubiera sido que este Gobierno infame hubiera seguido con el ominoso silencio que venía manteniendo. Como con la canalla social-comunista hay que temer siempre lo peor, la nueva portavoz sanchista, Isabel Rodríguez, se ha negado sin vergüenza a responder a una pregunta tan simple como la de si considera que Cuba padece una dictadura; en su lugar, ha afirmado que "España es una democracia plena".

Al indignante y surrealista show de complicidad apaciguadora con los criminales que detentan el poder en La Habana se han sumado los despreciables socios de Sánchez, que han proclamado que el régimen castrista "no es una dictadura" y han culpado de la situación al de siempre, al inexistente "bloqueo" estadounidense.

Si el Gobierno tuviera el más mínimo interés en las libertades y en los derechos humanos en Cuba, encabezaría una movilización internacional para promover acciones o sanciones de todo tipo (políticas, diplomáticas, económicas...) para acabar de una vez con el régimen comunista que subyuga al pueblo cubano desde más de seis décadas.

Pero no, el Gobierno Sánchez, que de hecho está dinamitando el orden constitucional español, no va a hacer nada de eso. A pesar de los estrechísimos lazos que unen a los pueblos español y cubano, las víctimas de la represión castrista saben que no pueden contar con un Gobierno cuajado de comunistas –de la repulsiva variedad revolucionarios por cuenta ajena–. Un Gobierno oprobioso que en todo caso prestará asistencia a los criminales que han destrozado la ya por nadie llamada Perla del Caribe.

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