Madrid ha de ser la tumba del chavismo

EDITORIAL

El comunista Pablo Iglesias ha decidido abandonar el Gobierno y –sin encomendarse a proceso de selección alguno y ninguneando escandalosamente a la servil feminista Isabel Serra– presentarse como cabeza de lista de Podemos a las elecciones regionales madrileñas.

Aunque trate de presentar su decisión como un sacrificio personal imprescindible para impedir la victoria de Isabel Díaz Ayuso, lo cierto es que su salida del Gobierno parece una maniobra desesperada para evitar el colapso de la extrema izquierda en Madrid... o una ocurrencia de algún misógino recalcitrante con fobia a Podemos; en este último caso se explicaría mejor, desde luego, la puñalada de Iglesias a la condenada Serra... y la que pretende asestar a la candidata pistolera de Íñigo Errejón, Mónica García, que huele ya a pólvora quemada.

Y mientras su vicepresidente abandona el barco y le rehace el Gobierno a su antojo, colocando como ministra de Asuntos Sociales a una fanática que no ha trabajado en su vida como Ione Belarra –gran valedora de la espeluznante organización Infancia Libre–, Pedro Sánchez se limita a sancionar lo que le ha impuesto el hombre de Nicolás Maduro en España.

La presencia de Iglesias al frente de la candidatura podemita puede movilizar el voto más izquierdista, ciertamente; pero movilizará mucho más el voto del centro-derecha y hasta de quienes no estén demasiado politizados pero comprendan perfectamente la amenaza letal que se cierne sobre Madrid. Adquiere así todo el sentido el lema de Ayuso, pues es radicalmente cierto que la batalla del 4 de mayo se dirime entre el comunismo y la libertad.

Madrid debe seguir siendo Madrid, no Caracas. Y el triunfo de las fuerzas de la libertad ha de suponer el principio del fin para quienes quieren convertir España en Venezuela.

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