Los peores Presupuestos, el peor Gobierno y los peores socios

EDITORIAL

Ha querido la casualidad, aunque en política haya tan pocas casualidades, que el Gobierno logre los apoyos para superar el primer trámite de los Presupuestos Generales del Estado el mismo día en el que las propias cifras oficiales de crecimiento del PIB dejan en evidencia que esos PGE no sólo son un disparate desde el punto de vista político, sino que están basados en unas fantasías económicas que nadie puede creer.

Pero eso a nadie le importa en el mercado persa en el que Sánchez, más que nunca, ha convertido la política española, que en lugar de en un Parlamento parece decidirse en un bazar en el que todo se compra y se vende sin decoro y sin que nadie se preocupe por tan siquiera aparentar un mínimo de interés por el bien general.

Sánchez sabe que los Presupuestos que va a aprobar no se van a cumplir y sabe el coste que eso tendrá para la economía española. También lo saben sus socios, pero ni a uno ni otros les importa porque todos consiguen lo que quieren: el presidente sobrevivir algo más de tiempo en Moncloa, los separatistas sus demandas que podrán vender ante sus respectivos electorados como una prueba más de su habilidad como chantajistas y saqueadores.

El comportamiento de todas las partes sería igualmente inmoral si las situaciones económica y política fuesen otras: si los separatistas a los que el Gobierno les va regalando pedazos de soberanía no tuviesen como meta destruir España o si las arcas públicas estuviesen repletas de dinero que regalar o malgastar.

Desgraciadamente, estamos ante un escenario muy diferente: los separatistas avanzan en sus planes y no renuncian a sus máximas reivindicaciones mientras el Estado y sus instituciones están cada día más débiles; y, sobre todo, la situación económica es más difícil y promete complicarse muchísimo más en el futuro cercano: las cifras maquilladas de paro no pueden ocultar que España es la economía que menos se ha recuperado tras la pandemia, que será más afectada por la crisis energética y que va a sufrir mayores pérdidas de competitividad que casi todas las demás por la subida generalizada de los precios.

Hasta ahora, además, parecía que todas las adversidades podrían superarse con la supuesta avalancha de dinero europeo que iba a llegar desde Bruselas, pero cada día queda más claro que esos miles de millones se van a condicionar de una forma más estricta de lo que a Sánchez le gustaría y, sobre todo, que su eficacia es muy dudosa en manos de este Gobierno y de sus socios.

La conclusión es que en el momento más difícil no sólo vamos a tener los que quizás sean los peores PGE de las últimas décadas, sino que además seguimos teniendo el peor Gobierno de la historia de nuestra democracia y, sin duda, con los más siniestros aliados. No hay mucho espacio para el optimismo.

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