Los catalanes son los grandes damnificados del 'procés'

EDITORIAL

Los partidos separatistas iniciaron el famoso procés bajo la promesa de que la independencia de Cataluña conllevaría un futuro de gran abundancia y prosperidad económica, ignorando por completo el desastre que supondría no ya solo la ruptura con el resto de España, sino la salida de la UE y del euro, así como el aislamiento internacional y la profunda fractura social que traería consigo el plan separatista. Pero lo más grave, más allá de ese burdo listado de mentiras, es que hicieron creer a los catalanes que la puesta en marcha de su particular utopía política estaría exenta de costes y riesgos, articulando con ello un gran engaño colectivo cuyos nefastos efectos empiezan a pasar factura a la población.

Los últimos datos de paro evidencian los problemas por los que ya atraviesa, hoy por hoy, la economía catalana. Problemas causados, única y exclusivamente, a la irresponsabilidad y sinrazón de sus desnortados políticos. Así, mientras que el conjunto de España sigue creando empleo al mayor ritmo desde la época de la burbuja inmobiliaria, Cataluña se está quedando rezagada de una recuperación económica que, hasta hace poco, lideraba a nivel nacional. La economía catalana apenas generó 1.700 empleos el pasado octubre, una tercera parte de los registrados hace un año, frente a los cerca de 94.000 creados en todo el país. Asimismo, dicha comunidad autónoma encabezó el aumento del paro, con casi 15.000 desempleados más, el doble que en el mismo mes de 2016, muestra inequívoca del negativo impacto que dejó tras de sí la celebración del referéndum ilegal y la posterior declaración de independencia.

Desde el 1 de octubre, más de 2.000 empresas han abandonado Cataluña, trasladando sus sedes sociales a otras regiones de España, debido a la inseguridad jurídica que reina en esta autonomía, las reservas turísticas han caído un 30%, las inversiones se han paralizado, la matriculación de coches ha descendido y la venta de pisos se está frenando, entre otras tantas señales de ralentización económica. De mantenerse el actual clima de incertidumbre y tensión, el PIB catalán podría estancarse el próximo año e incluso volver a caer en la recesión, según advierte el Banco de España, la AIReF e importantes organismos privados, con todo lo que ello supone en cuanto a creación de riqueza y empleo. Y eso sin tener en cuenta que muchas de las empresas que se han ido ya no volverán, tal y como aconteció en su día en Quebec tras su referéndum de independencia.

Además, Cataluña es una región insolvente, cuya deuda cotiza como bono basura y, por tanto, sin credibilidad alguna a nivel financiero, tras la desastrosa gestión presupuestaria llevada a cabo por los separatistas con el único fin de alimentar el falaz discurso victimista de "España nos roba". La otrora rica, próspera, solvente y admirada economía catalana se ha convertido hoy en una región en declive que ahuyenta a sus empresas, genera desconfianza entre los inversores y provoca el hazmerreír de medios y analistas internacionales debido al ridículo y cobarde comportamiento de su expresidente y exconsejeros. Éste y no otro ha sido el fruto del ‘procés’ y sus principales damnificados están siendo los propios catalanes.

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