Lo que va de Madrid a Navarra

EDITORIAL

Por fin ha llegado un pacto en la Comunidad de Madrid que permitirá que cristalice lo que la mayoría de los madrileños quiso votar el pasado 26 de mayo: un gobierno de centro derecha que prolongue las políticas que han hecho de esta una de las comunidades más prósperas de España, con Isabel Díaz Ayuso como presidenta, ya que fue la candidata más votada de los tres partidos que de una forma u otra sostendrán el nuevo gobierno.

Lo único que cabe lamentar es que se haya llegado a esta situación mucho después de lo que habría sido deseable, así como a través de una negociación en la que, según los días, parecía que o bien Vox o bien Ciudadanos no querían llegar a un acuerdo.

Pero bien está lo que bien acaba, y el futuro gobierno de la Comunidad de Madrid tiene la fórmula que parece más razonable en este momento: una coalición entre PP y Ciudadanos apoyada -y condicionada- desde el exterior por Vox, que gracias a la aritmética parlamentaria en la Asamblea de Madrid tendrá mucho que decir de aquí en adelante, así como sobradas ocasiones de obtener logros políticos en la línea de su programa electoral.

Madrid tendrá, pues, un gobierno que siga aplicando una política económica que ha sido un éxito incontestable; que también podrá seguir regenerando unas instituciones que en los últimos años se han visto en demasiadas ocasiones en el centro de escándalos de diversa índole; y que además, y esto no es en absoluto baladí, que va a hacer una apuesta decida por la libertad y la nación española, en este momento en el que ambas están seriamente amenazadas.

La noticia del acuerdo en Madrid contrasta con lo que está ocurriendo en Navarra: la investidura de María Chivite apoyada por el nacionalismo, la izquierda radical y, encima, los filoterroristas de Bildu.

Más allá de la inmensa inmoralidad de llegar a un pacto con aquellos que aún reciben como héroes a los asesinos de tus propios compañeros de partido, el gobierno de Chivite nace con la demencial hipoteca de que cada proyecto legislativo deberá recibir el visto bueno de los bildutarras para salir adelante, porque, contrariamente a lo que afirma Chivite, su poder va a ser determinante.

Pero incluso sin la ignominia que es dejar la llave de Navarra en manos de los amigos de los terroristas por arrepentir, la comunidad foral tendrá un gobierno cuyas prioridades están exactamente en el polo opuesto de lo que de verdad necesita: más intervención, más nacionalismo y menos libertad sólo servirán para que, tal y como ha venido ocurriendo en los últimos años, las empresas y los ciudadanos navarros vean cómo se deteriora su situación. Además, es más que posible que convierta a la comunidad foral en un ariete más con el que contribuir a la demolición del régimen constitucional español que, como todos sabemos, está seriamente amenazado.

Una vez más, el PSOE es el gran responsable de este desaguisado: sobre su conciencia -o mejor dicho, sobre su absoluta falta de conciencia- están ya no pocos de los más graves errores políticos de nuestra historia reciente, una categoría en la que este gobierno de Chivite entra, sin duda, con todos los (des)honores.

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