Lo que puede deparar el demencial desafío secesionista

EDITORIAL

La encuesta que publicaba este fin de semana el diario La Vanguardia sobre intención de voto en las próximas elecciones autonómicas catalanas arroja bastantes datos de interés. El primero de ellos es el formidable batacazo de la CiU de Artur Mas, que perdería nada menos que 15 de los 50 escaños que obtuvo en 2012, que a su vez eran 12 menos de los que cosechó en 2010. El nefasto mandatario regional puede, pues, conseguir la proeza de demediar miserablemente su partido, que en 2010 consiguió el 38% de los sufragios y ahora rondaría el 22.

Mas y CiU son dos auténticas calamidades para Cataluña, así que tal castigo ya no es que fuera justo, es que de hecho sería insuficiente: sencillamente no merecen ser los vencedores de las próximas elecciones.

El otro gran desplome lo protagoniza el Partido Popular, que perdería 10 de sus 19 diputados y pasaría de ser la cuarta a la sexta fuerza en la Cámara autonómica, sólo por delante de Iniciativa per Catalunya (ICV). Estos bochornosos resultados resaltan aún más si se tiene en cuenta la subida espectacular de Ciudadanos, que pasaría de 9 a 26 escaños y podría incluso ser la segunda lista más votada. Jamás se ha acercado siquiera el PPC a unos resultados así, ni en porcentaje de votos (el récord popular data de 1995, con el 13% que obtuvo Vidal-Quadras; la encuesta de La Vanguardia da a los de Albert Rivera un 19% de respaldos) ni en escaños (los actuales 19 de Alicia Sánchez Camacho).

Como era de prever, Ciudadanos está sacando petróleo no sólo del PPC, también del zombi PSC, al que el sondeo otorga entre 12 y 13 escaños, siete menos de los que tiene ahora, que ya representan un mínimo histórico para un partido que llegó a disponer, con Maragall y en 1999, de 52.

Como también era de prever, el PSC se está desangrando por ese flanco y por el que ocupa Podemos, que irrumpiría en la Cámara regional con entre 6 y 8 escaños, una cifra notable para una formación de nuevo cuño pero muy inferior a la registrada en sondeos precedentes (14).

Completarían el próximo Parlamento autonómico ERC, con entre 5 y 6 escaños más de los 21 que tiene ahora, ICV (-5) y la batasunesca CUP (+7 u 8).

Así las cosas, Cataluña tendría de nuevo un Parlamento atomizado, con fuerte presencia ultraizquierdista (ERC, CUP, Podemos, ICV) y de mayoría soberanista; una mayoría aún más radicalizada pero estancada –incluso podría perder hasta cuatro escaños– y que, para serlo, precisaría del concurso de la CUP antisistema.

Estos son los frutos del demencial proceso auspiciado por las fuerzas secesionistas: atomización, radicalización, colapso del partido timonel y estancamiento pútrido que puede degenerar en graves tensiones, como las derivadas de la existencia de una Cámara en manos secesionistas en una sociedad en la que el no a una hipotética independencia es mayoritario. La responsabilidad de todos los que han contribuido a la conformación de este fangal, empezando por Artur Mas (acción) y Mariano Rajoy (omisión), es tremenda.

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