Las mujeres maltratadas no pueden ser rehén de la izquierda

EDITORIAL

La escandalosa campaña contra la Junta de Andalucía que se ha lanzado en los últimos días desde la izquierda, y en particular desde el PSOE, es uno de los episodios políticos más ignominiosos que se ha vivido desde hace años, lo que no es poco teniendo en cuenta el bajísimo nivel ético e intelectual que actualmente lucen tanto nuestra política como nuestros medios de comunicación.

Varios detalles hacen de esta maniobra orquestada un asunto especialmente deleznable desde un punto de vista moral. El primero es, por supuesto, basarse completamente en la mentira: todas las acusaciones que se han vertido son palmariamente falsas y ni la campaña banaliza la violencia doméstica, ni es peor que otras para conseguir su propósito.

De hecho, el propio PSOE había usado no en una sino en dos ocasiones mensajes similares y con el mismo tono positivo para campañas parecidas, que pretendían transmitir un mensaje ciertamente pertinente: que del infierno de los malos tratos se puede salir y que la vida puede ser buena y merecer ser vivida tras una experiencia así de traumática.

Ahora, sin embargo, el PSOE y sus satélites en los medios y las redes sociales reclaman presentar no sólo al maltrato como un drama, que sin duda lo es, sino a las mujeres maltratadas en una situación calamitosa y, aparentemente, de imposible salida… Al menos mientras el centro derecha gobierne, porque el colmo de la hipocresía que subyace a este ataque es que al final el problema real para muchos no es la campaña en sí, sino que lo que diga o haga un gobierno de centro derecha en este campo no tiene ninguna validez, porque resulta que cuando el PSOE realizó anuncios muy similares a estos aquello no dio lugar, por supuesto, a ningún escándalo fingido ni a ninguna crítica hipócrita.

Y es que la campaña actual se parece a las pasadas porque cumple escrupulosamente con las indicaciones del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que en su medida 24 habla de usar "mensajes positivos, unitarios y adaptados a las exigencias de cada momento" y de "presentar ejemplos de mujeres fuertes y valientes, sin recurrir al cliché de las víctimas".

Estamos, por tanto, ante un ataque desmedido e incontrolado de la izquierda y, muy especialmente, del PSOE y sus terminales mediáticos que, sin embargo, sí está dejando claras un par de cosas muy importantes: que en realidad su preocupación por las mujeres que sufren violencia doméstica se limita a lograr hacer de ellas una herramienta política para atacar a la derecha; y que por mucho que se llenen la boca de palabras grandilocuentes ni hay verdadera solidaridad con todas las maltratadas ni voluntad real de solucionar un problema que parece que da buenos réditos electorales al ser usado como arma arrojadiza en la batalla política diaria. Pero hasta para algo tan inmoral como eso hay que tener un poco más de inteligencia y elegancia: cuando la manipulación se hace tan torpemente se acaba volviendo en contra de los manipuladores.

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