Las luchas por el poder de la casta podemita

EDITORIAL

Las tareas preparatorias del próximo congreso de Podemos están siendo utilizadas por Pablo Iglesias para acaparar todo el poder en el movimiento ultraizquierdista y satisfacer así su ambición desmedida. Frente a su proyecto megalómano ya se ha alzado una facción interna, liderada por Íñigo Errejón, que pretende disputarle al líder la preeminencia en la organización con el argumento de una mayor democracia interna.

Sin embargo, como ha ocurrido siempre en todos los partidos, y muy especialmente en los de corte estalinista, en Podemos no se está dilucidando en estos momentos una sana confrontación de ideas para imponer un modelo organizativo, sino una lucha descarnada por el poder entre facciones rivales, lideradas por unos personajes dispuestos a todo con tal de anular definitivamente al contrario.

Podemos es un proyecto revolucionario a mayor gloria de un líder, que ha impuesto de manera permanente un culto a su personalidad solo equiparable al de los dictadores iberoamericanos. Enfrente tiene a una parte de su partido, liderada por Errejón, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que el proyecto del número dos de la formación morada sea mejor para los intereses de España y de sus ciudadanos.

La apuesta de Iglesias por convertir a su partido en un ariete revolucionario con el fin declarado de acabar con nuestro vigente sistema de libertades es, en el fondo, el objetivo compartido por todos los dirigentes del movimiento ultraizquierdista. También por Errejón, cuya estrategia más moderada en las formas solo difiere respecto a su jefe de filas en los elementos tácticos que les permitan llegar al poder para imponer en España su modelo marxista.

Uno y otro han iniciado las hostilidades para hacerse con el poder de su organización, como ocurre en la "vieja política" y en los "partidos de la casta", que tanto han denigrado los dirigentes podemitas desde que irrumpieron en la arena política.

Al margen de quién se alce finalmente con el control del partido, Podemos es y seguirá siendo la mayor amenaza para nuestra democracia junto con el separatismo, con cuyas facciones más radicales el partido de Iglesias y Errejón está, por cierto, perfectamente compinchado.

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