La 'moderación' y el 'consenso' del radical Pedro Sánchez

EDITORIAL

Debería resultar evidente que conceptos como unidad, moderación o consenso no son necesariamente valores positivos, pues el contexto y el objeto son determinantes. Aun así, resulta asombrosa la facilidad con que el Gobierno de Pedro Sánchez –sin duda el más radical y sectario de la OCDE– adultera y se apropia de valores que, si están bien fundamentados, pueden resultar muy necesarios, especialmente en estos momentos de crisis sin precedentes.

Buen ejemplo de la impostura propagandística gubernamental lo constituyó el acto celebrado el lunes en la Casa de America, al que fueron invitados los presidentes de las grandes empresas y en el que Sánchez quiso transmitir una imagen de moderación y de responsabilidad, al tiempo que hacía llamamientos a la unidad a formaciones ubicadas a su derecha. Ni que decir tiene que semejante oferta es un insulto a la inteligencia y carece de la más mínima credibilidad mientras Sánchez no renuncie a sus pactos con la extrema izquierda podemarra y siga ocultando las condiciones presupuestarias que le ha requerido Bruselas a cambio de su multimillonaria ayuda financiera, condiciones que resultan del todo incompatibles con el demagógico, populista e irresponsable acuerdo de Gobierno que suscribió con Pablo Iglesias. Y es que tratar de buscar acuerdos con los partidos ubicados a la derecha del PSOE sin renunciar a la compañía y al acuerdo con partidos tan enemigos del sector empresarial y, en general, del ordenamiento constitucional como Podemos y los separatistas es tanto como si un hombre fuera en compañía de su amante a pedir matrimonio a otra mujer.

No. Lo que busca Sánchez no es consenso, acuerdo o moderación. Lo que busca Sánchez es pura e incondicional adhesión; acomplejados y tontos útiles que le sirvan de compañeros de viaje en compañía de Podemos. Ni que decir tiene que los culpables de tamaña impostura no son los del Ibex por atender a la invitación del presidente, y menos aun por preferir abiertamente que gobernase con acuerdos con Casado antes que con Iglesias. Aun así, tanto estos empresarios como el propio Partido Popular, que no siempre brillan por su lucidez en el análisis político, han de ser conscientes de que quien tendría que "moderarse" y "arrimar el hombro" en aras de un fructífero y plausible consenso y un clima favorable a la actividad y a la inversión empresariales no es otro que el PSOE, cuyo líder, para encaramarse a la poltrona, no ha dudado en radicalizarse y en mantener alianzas con formaciones como Podemos, que hacen imposible la moderación y el consenso y que espantan tanto a Bruselas como a los empresarios del Ibex, a los que Sánchez trata ahora hipócritamente de tranquilizar.

Esperemos que todo esto lo tenga bien presente Pablo Casado en la reunión que mantendrá este miércoles con el presidente del Gobierno. Y no porque, como decía Bertolt Brecht, vivamos tiempos en los que "hay que defender lo obvio", sino porque, como venía a decir recientemente la encomiable y defenestrada Cayetana Álvarez de Toledo, vivimos en una "insólita España" en la que, ante el Gobierno más radical de Europa, resulta que es el principal partido de la oposición el que se tiene que moderar.

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