Inmersión lingüística: tenemos un problema... no sólo en Cataluña

EDITORIAL

Nada más equivocado que pensar que la liberticida inmersión lingüística y el infame adoctrinamiento nacionalista en las escuelas son problemas que afectan exclusivamente a los ciudadanos de Cataluña y el País Vasco. En otras regiones, como la Comunidad Valenciana o las Islas Baleares, se está siguiendo esa misma senda de manipulación de la Historia y de vulneración del derecho de los padres a elegir la lengua vehicular de la enseñanza de sus hijos. Sirvan como ejemplos el amplio reportaje que el diario El Mundo dedicaba a esta cuestión hace unos días y las denuncias que este mismo martes hacían ante los micrófonos de esRadio tanto la presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig, como el senador popular y expresidente balear José Ramón Bauzá.

Aunque hay que advertir que la obligatoriedad de estudiar valenciano y de estudiar en esta lengua otras asignaturas se remonta a los tiempos en los que el PP gozaba de una amplísima mayoría absoluta en la Comunidad Valenciana, la llegada al Gobierno regional de los socialistas y de los nacionalistas ha hecho que se dispare tanto el adoctrinamiento al servicio del pancatalanismo como la inmersión lingüística en un valenciano, además, completamente indiferenciado del catalán. Piénsese en el denominado Decreto Marzà –en referencia al consejero de Educación de Compromís, Vicent Marzà–, que establece la obligatoriedad de estudiar más asignaturas en valenciano si el alumno quiere más enseñanza en inglés. Ante este estado de cosas, en la Comunidad Valenciana se están celebrando manifestaciones multitudinarias contra la inmersión y el asfixiante pancatalanismo.

Otro tanto se podría decir de Baleares, donde las reformas aprobadas en tiempos de Bauzá, destinadas a que el catalán dejase de ser un requisito para acceder a la función pública y a que los padres tuvieran libertad de elección de lengua, han sido completamente erradicadas por el Gobierno de socialistas y nacionalistas.

Ahora, en el Principado de Asturias el PSOE, IU-Podemos y hasta el partido fundado por Francisco Álvarez Cascos, Foro Asturias, aspiran a la oficialidad del bable, lo que haría que éste, absolutamente minoritario, pasarse de ser voluntario a obligatorio tanto en la enseñanza como en la Administración.

Sirvan estos ejemplos como prueba de que el nacionalismo es una lacra que hay que combatir en todos los ámbitos. La lengua en manos de los nacionalistas, lejos de ser un vehículo de comunicación, se convierte en un coactivo molde identitario que conculca las libertades individuales tanto como separa a unos españoles de otros.

Por ello, en vez de seguir en la contraproducente senda de intentar contentar a los nacionalistas, tal y como apuntan las ofertas de reforma constitucional y de mayor financiación a las Administraciones autonómicas, resulta imperativo desandar parte del camino y fortalecer aquello que une a todos los españoles.

A continuación