INE: el Gobierno no tolera estadísticas que le estropeen la propaganda

EDITORIAL

"Que la realidad no te estropee un buen titular", dice ese viejo dicho periodístico que recuerda a los profesionales de la información, aun de forma cínica, que las noticias se deben basar en hechos de los que son testigos o de los que tienen conocimiento a través de fuentes solventes, y que lo demás es pura ficción o literatura. Pues bien, en vista de la ofensiva que el Gobierno, en general, y la ministra de Economía, Nadia Calviño, muy en particular, están librando desde hace meses contra el Instituto Nacional de Estadística (INE) por no avalar con datos sus pronósticos de recuperación económica, podríamos decir que el Ejecutivo social-comunista está empecinado en lograr que las estadísticas del INE no le estropeen su propaganda.

Las presiones del Ejecutivo han sido tales que este lunes la Asociación de Estadísticos Superiores del Estado emitía un duro y nada habitual comunicado en el que acusaba al Ejecutivo de "atacar", "cuestionar" e incluso poner "en riesgo el elevado crédito" del INE, al tiempo que advertía de un posible cese de su presidente, Juan Rodriguez Poo. Es cierto que, finalmente, Rodriguez Poo ha presentado a última hora del martes su dimisión alegando "motivaciones personales"; pero es evidente que lo ha hecho presionado por el Ejecutivo, que en ningún momento ha ocultado su contrariedad por que los datos estadísticos desmintieran, una y otra vez, sus fantásticas previsiones, ya fuera en relación al crecimiento del PIB o al de la inflación.

Lo que deja, pues, en evidencia este asalto al INE son las pulsiones intervencionistas –más bien totalitarias– de un Gobierno que no tolera la menor independencia de ningún organismo, ya sea la Fiscalía, el Tribunal Constitucional, el CGPJ, RTVE, el CIS, Indra o ahora el INE. Este último caso es especialmente grave porque un país donde sus estadísticas oficiales carecen de credibilidad es tanto como un país que carece de seguridad jurídica; se convierte en una república bananera que espanta a los inversores y que se sitúa al nivel de esa Grecia que maquillaba ante la UE sus estadísticas y que estuvo a punto de ser expulsada del euro, o de esa Argentina que en tiempos de Cristina Fernández de Kirchner que hizo lo mismo con el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos).

Por mucho que el Gobierno la haya cuestionado, lo cierto es que la metodología de las Estadísticas del INE es rigurosa, pública, está avalada por la Oficina de Estadística de la Unión Europea (Eurostat) y permite la integración y comparabilidad de las cifras en el ámbito europeo. Eso es, sin embargo, de lo que huye precisamente el Gobierno: de la realidad; de una realidad que no es capaz de mejorar y que sólo pretende ver maquillada so pena de matar al mensajero.

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