Ignacio Aguado marca el rumbo a Ciudadanos

EDITORIAL

El pasado lunes la Ejecutiva Nacional de Ciudadanos aprobó una resolución que designaba al PP como socio preferente en los acuerdos de gobierno que negociara en los distintos ayuntamientos y autonomías. Dicha resolución iba más allá y rechazaba taxativamente cualquier posibilidad de alianza con Vox.

Al término del cónclave, el número dos de Cs, José Manuel Villegas, incidía en tal negativa y aseguraba que sólo habría conversaciones con los de Santiago Abascal para informarles de los acuerdos que alcanzaran con el PP allí donde los votos voxistas fueran necesarios para el éxito del pacto azul-naranja.

Pues bien, este domingo el candidato de Ciudadanos en las autonómicas madrileñas, Ignacio Aguado, mantuvo una reunión con su homóloga de Vox, Rocío Monasterio. Reunión de gran importancia porque Monasterio parece ser para los dirigentes naranjas la encarnación de las lacras ideológicas que impiden que Ciudadanos se plantee siquiera abrir una negociación con el partido verde.

La reunión de Aguado con Monasterio viene a cuestionar la campaña anti-Vox en la que se han embarcado los candidatos del partido centrista tras el 26-M y allana el camino a que la Presidencia del Parlamento regional madrileño vaya a parar a un miembro de Cs. Los votos de Vox son imprescindibles para ello, como también lo son para que el centro-derecha gobierne la Comunidad y el Ayuntamiento de la capital.

Esta primera ruptura del cordón sanitario que Ciudadanos impuso absurda y muy injustamente a Vox puede convertirse en el fulminante que instaure la sensatez en las negociaciones del centro-derecha para arrebatar al PSOE y a sus aliados el mayor número posible de ayuntamientos y autonomías.

En Libertad Digital hemos venido defendiendo la necesidad de un entendimiento entre las tres fuerzas liberal-conservadoras que dé como resultado la instauración de bastiones que permitan reducir los estragos que un PSOE entregado a comunistas, separatistas golpistas y proetarras puede provocar a la Nación.

Ojalá el gesto de Aguado no sea una excepción, sino la nueva norma de actuación de Ciudadanos. De ello depende que los votos de los millones de españoles liberal-conservadores que acaban de confiar en PP, Cs y Vox no acaben siendo completamente estériles.

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