Iglesias sigue desbarrando y acusa al Rey de connivencia con el 'fascismo'

EDITORIAL

La nauseabunda campaña de criminalización que está perpetrando la izquierda política y mediática contra Vox no parece tener límites: no sólo se niega a condenar las agresiones sufridas por el partido de Santiago Abascal durante sus mítines –agresiones que PSOE y Podemos justifican por considerarlos una "provocación"–, sino que calumnian a esta formación de impecables credenciales democráticas acusándola de fascista y de estar detrás de las controvertidas cartas amenazantes que han recibido en los últimos días el ministro del Interior, la directora de la Guardia Civil, el candidato de Podemos en las elecciones autonómicas madrileñas y la ministra de Industria. Esperemos que se sepa cuanto antes quién o quiénes están detrás de esos envíos. Por el momento, ya se sabe que quien mandó la amenaza a Reyes Maroto es un enfermo de esquizofrenia que puso su nombre y sus señas en el remite.

Igualmente se sabe que Vox no es una formación fascista y que ha rechazado y condenado todo tipo de amenazas, incluida la dirigida a Pablo Iglesias. Pero PSOE, Más Madrid y Podemos –con la complicidad de no pocos medios de comunicación– han hecho un montaje orwelliano que presenta al de Abascal y Rocío Monasterio como un partido "fascista" y de "extrema derecha" que ha incitado a la violencia o inducido los referidos envíos.

Lo más repugnante al tiempo que surrealista de todas estas calumnias contra Vox –denunciables, por cierto, ante los tribunales de Justicia y ante la Junta Electoral Central– es que Iglesias haya llegado al extremo de acusar al Rey de connivencia con el fascismo con el esperpéntico argumento de que la Casa Real no ha emitido ningún mensaje de condena por esas controvertidas misivas.

Como dice el refrán, "cree el ladrón que todos son de su condición". Pero que haya destacadísimos representantes de la izquierda –empezando por Pedro Sánchez y el propio Pablo Iglesias– que se nieguen a condenar la violencia que sufren sus adversarios –considerados enemigos– no significa que estos últimos, y menos aún el Rey, sean de esa misma calaña. Y es que, como saben de sobra Sánchez e Iglesias, en España lo más parecido que hay al fascismo es el comunismo de Bildu, Podemos y demás ralea ultra con la que anda aliada el PSOE.

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