Envenenando la convivencia

EDITORIAL

España tiene un problema de primer orden: la emergencia de una izquierda liberticida que se pretende impune y anda empeñada en copar no sólo las instituciones sino todo el espacio público, con violencia simbólica o real y a lomos de un formidable aparato de agitación y propaganda.

Esta izquierda siniestra escracha, matonea, señala, y aprovecha cualquier situación o circunstancia para adoctrinar o perseguir a sus rivales, que para ella no son tales sino enemigos, enemigos que quiere atemorizados y sometidos.

Esta extrema izquierda tóxica, que vive de excitar el odio, ha cobrado tremenda fuerza e influencia de la mano de las distintas marcas de ETA, la batasunesca CUP catalana, la Esquerra, IU, Podemos y sus satélites separatistas. Es una izquierda antisistema ya no empotrada en el sistema, sino directamente con mando en plaza en plazas de extraordinaria importancia.

Esta izquierda estrictamente impresentable es una auténtica lacra, un poderoso factor de desestabilización social, volcada como está en envenenar la convivencia.

Hay que pararle los pies de inmediato, combatirla con contundencia en todos los ámbitos y no pasarle una. Debe volver a la marginalidad de la que nunca debió salir.

Es ésta una tarea de todos, pero unos pueden hacer bastante más que otros. El PSOE, de hecho, tiene una responsabilidad formidable, al haberles dado tanto poder en tan poco tiempo y a tan bajo precio. Ha de empezar a corregir su descomunal error de inmediato y demostrar que verdaderamente es capaz de tener altura de miras y sentido de Estado. En juego está no sólo su credibilidad como alternativa real de Gobierno sino su propia supervivencia. La situación es de verdadera urgencia.

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