El urbanismo de Manuela Carmena expulsa de Madrid a 'los de abajo'

EDITORIAL

La llegada de Podemos y sus compinches emboscados en la grotesca fórmula Ahora Madrid al Consistorio capitalino fue una pésima noticia para la ciudad –fechoría que los madrileños difícilmente perdonarán al PSOE–. La coalición neocomunista, encabezada por la descalificable Manuela Carmena, tomó el poder con la ominosa intención de atrasar Madrid, poner todas las trabas posibles a su desarrollo económico, tan importante para el resto de España, para condenarla a llevar una vida acorde con su ideario atrasista y liberticida.

Su catálogo de agresiones a los intereses generales de la primera ciudad de España es abrumador. Pero el pésimo equipo de Carmena se ha cebado especialmente –aparte de con los humillados, ofendidos y esquilmados conductores– con el sector de la construcción. Cebados de ignorante fanatismo anticapitalista, los carmenitas –tan okupas ellos– llegaron al Ayuntamiento afirmando que ya había suficiente vivienda en Madrid y que cualquier decisión dirigida a poner en marcha nuevos proyectos urbanísticos sería una traición a la gente que solo beneficiaría a los especuladores. Con semejante basura conceptual como eje programático, torpedearon o directamente echaron abajo planes para generar nuevos polos de desarrollo económico y urbanístico, lo que evidentemente ha tenido consecuencias tremendamente negativas y convertido en misión imposible la contención del precio de la vivienda en la ciudad.

Manuela Carmena, que gusta de venderse como venerable encauzadora de sus concejales más cerriles, ha salido alguna vez a la palestra para, pretendidamente, desbloquear alguno de esos proyectos. Pero ha sido todo pose: tras meses de dilaciones y anuncios recurrentes de desbloqueo, lo cierto es que los planes de construcción de nuevas viviendas siguen paralizados y sin visos de que vayan a salir adelante en lo que queda de esta legislatura insoportable.

En el camino van quedando las esperanzas y los formidables sacrificios de cooperativistas como los de Cuatro Caminos, muchos de los cuales se plantean incluso dar por perdidas sus inversiones a causa de los imperdonables incumplimientos del Ayuntamiento. Son familias generalmente modestas, que pueden acabar en la ruina por el miserable sectarismo de un hatajo de iluminados buenos para nada. Por su culpa –es decir, por la de un PSOE que no tiene perdón ni justificación–, Madrid será una ciudad menos habitable para "los de abajo", a los que –sangrante paradoja– venían a defender Manuela Carmena y sus muchachos.

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