El suicidio de Ciudadanos

EDITORIAL

El partido de Inés Arrimadas ha admitido este jueves lo que era un secreto a voces: está negociando los Presupuestos Generales del Estado con el Gobierno que preside Pedro Sánchez. Es bueno recalcar esto, porque aunque desde el partido naranja parecen no entenderlo, no serán los presupuestos del PSOE sino los de todo el Gobierno y eso incluye, para empezar, a un Podemos que tiene varios representantes en el Consejo de Ministros y además, al menos en cierto sentido, también a otros partidos en los que el Ejecutivo ha venido apoyándose desde su propia investidura, esencialmente los separatistas.

A estas alturas de la partida no queda claro si Ciudadanos está autoengañándose o está tratando de engañarnos a todos, pero sus argumentos para apoyar los PGE rozan lo ridículo: pretender que con la intervención cuasi milagrosa de sus diez diputados van a eliminar el "influjo" de Podemos en unas cuentas públicas que después aplicarán ministros de Podemos, dentro de un Gobierno defendido por los 35 diputados de Podemos, es el caso de voluntarismo político más disparatado que hemos visto en años.

Por otro lado, si con cualquier otro esa idea sería un completo disparate, con un presidente como Pedro Sánchez cuya palabra no vale absolutamente nada estamos ya hablando de un terreno que raya en la locura. ¿Qué pacto o qué promesa puede cumplir el que dijo que jamás pactaría con Podemos, que no dormiría tranquilo con Pablo Iglesias como ministro o que no podía haber dos gobiernos en el Gobierno? Más aún, ¿quién puede esperar nada de un Sánchez que para lograr su apoyo al estado de alarma pactó precisamente con Ciudadanos hacer desarrollos legislativos que ya ha admitido que no hará? ¿Cuántas veces se van a dejar engañar Arrimadas y los suyos?

Es difícil ver qué espera lograr Ciudadanos de esta estrategia, pero en este momento se diría que lo único que pretende el partido de Arrimadas es acortar la agonía política a la que parece condenado desde las elecciones del 10N; es decir, morir antes.

No sabemos a qué electorado pretende apelar el partido naranja con estos pactos con el PSOE -¡y con Podemos!- pero desde luego no es el suyo: por muchas especulaciones que se hayan hecho al respecto lo único que es posible certificar empíricamente es que cuando Albert Rivera se presentó con un no radical e inequívoco a Sánchez por bandera logró 57 diputados, mientras que cuando lo hizo con muchas más dudas y una posición ambigua al respecto se quedó en diez. Una progresión que tras un pacto de esta naturaleza parece claro que tendería a cero.

Por supuesto que un acuerdo que implicase la salida de Podemos del Gobierno sería completamente distinto, pero eso algo que no parece estar encima de la mesa, que ni siquiera está pidiendo Ciudadanos y que, desde luego, Sánchez no quiere hacer y no iba a aceptar.

EN resumidas cuentas, Ciudadanos va pactar con el Gobierno en el que está Podemos y va a tirar por la borda todo el crédito político que el partido haya podido acumular en años, algunos de extraordinario y durísimo enfrentamiento con el separatismo con el que sus nuevos socios no tienen ningún problema en sentarse a negociar. Hay que reconocer que uno de los argumentos que esgrimen los de Arrimadas es cierto: España necesita unos presupuestos, pero aún es más cierto que lo que de verdad necesita este país es otro Gobierno y no apuntalar este.

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