El saqueo fiscal del PP al ciudadano medio

EDITORIAL

Las promesas del Partido Popular en relación con las bajadas de impuestos han ido demostrándose falsas, una tras otra, desde el mismo momento en que Rajoy comenzó a gobernar. En esta pasada campaña electoral, los populares volvieron a hacer gala de un gran cinismo al asegurar que, esta vez sí, la bajada de la presión fiscal sería un hecho, a pesar de lo cual la presente legislatura ha arrancado con una de las subidas de impuestos más implacables que se recuerdan.

Acorralados por sus reiterados incumplimientos electorales, los dirigentes del partido del Gobierno se esconden tras el pretexto de que la presión fiscal en España sigue por debajo de la media europea. Sin embargo, como hemos demostrado en Libertad Digital, es en el reparto de esa presión fiscal donde se refleja de manera irrefutable las dimensiones reales del castigo del PP a los contribuyentes. Para ello sólo hay que estudiar la evolución de la recaudación fiscal a través del IRPF, impuesto directo que afecta principalmente a las clases medias y populares, convertidas por Rajoy en víctimas propiciatorias.

No de otra forma cabe entender que la recaudación por IRPF en 2015, con casi tres millones menos de trabajadores en activo, aumentara en casi 3.000 millones de euros respecto a 2007, el año récord del mercado laboral, cuando había 20,6 millones de españoles declarando por esa figura impositiva.

Si se atiende a la evolución de este impuesto en los años de la crisis se ve que la presión sobre las rentas del trabajo ha aumentado un 27% en la última década. El resultado es todavía más sangrante si nos retrotraemos a 2002, cuando el peso fiscal que soportaban los trabajadores en España era un 40% inferior al de finales del año pasado.

Todo ello confirma la validez de las críticas en Libertad Digital hemos dirigido al Gobierno de Rajoy por su manera de conducirse en el tramo final de la crisis económica. Lejos de acabar con el despilfarro de las Administraciones Públicas, el Gobierno del PP ha hecho recaer el peso de la recesión sobre las espaldas del contribuyente más indefenso. En lugar de cuadrar las depauperadas cuentas públicas acabando con el gasto superfluo de las autonomías –como las televisiones autonómicas y los miles de organismos, fundaciones, observatorios y demás chiringuitos de esa escandalosa Administración paralela-, Rajoy y su Gobierno han preferido mantener el mastodóntico engendro.

La consecuencia directa ha sido una subida de la presión impositiva a las clases medias sin parangón en la historia reciente, que difícilmente habría conseguido superar un Gobierno de extrema izquierda liderado por Podemos.

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