El PSOE y la carraca federalista

EDITORIAL

El PSOE va a desempolvar la reforma rubalcabiana de la Constitución para llevarla al Congreso y apostarlo todo al federalismo. Se están moviendo "de las palabras a los hechos", dicen los socialistas. Dicen también, por boca nada menos que de la presidenta andaluza, Susana Díaz, que el Título VIII de la Carta Magna es "letra muerta".

En un momento en el que España padece un muy grave problema de desvertebración por los desmanes de unas autonomías salidas de madre que sólo se acuerdan del Centro para cubrir sus heridas financieras, tantas veces autoinfligidas, y para convertirlo en enemigo totémico con el que cebar sus delirios identitarios, viene el PSOE y apuesta por un modelo que no haría sino ahondar en las tensiones centrífugas y limitar aún más el margen de actuación del Estado central. Un modelo que, para colmo, no está debidamente modelado, por la sencilla razón de que ni en el propio PSOE se ponen de acuerdo en cómo plasmarlo. Y no se ponen de acuerdo por la sencillísima razón de que no todos en el PSOE son federalistas. Los hay, de hecho, antifederalistas, empezando por todos aquellos que van por ahí –por Cataluña, principalmente– alabando el federalismo asimétrico, que no es sino una orwelliana manera de engañar a la opinión pública a la mayor gloria de las tesis confederales, que convertirían el Estado central, y con él la soberanía nacional y España tal y como la concebimos, en un mero cascajo.

En un momento así, viene el PSOE y, por medio de la inefable Susana Díaz, sentencia que el Título VIII es "letra muerta". "Hoy necesitamos otra letra, necesitamos darle salida a las necesidades de las comunidades autónomas, que tiene que ser ese modelo federal", ha dicho, efectivamente, Díaz, con su cursilería y su incompetencia lingüística habituales.

Lo que necesitamos son líderes que ni parezcan estúpidos ni nos tomen por tales y que no se dediquen a matar la Constitución cuando la están rematando los nacionalistas secesionistas, para colmo de males desde instituciones del Estado y ante la ominosa inacción de las demás, empezando por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Tal y como están las cosas y tal y como lo plantean quienes lo plantean, el federalismo no es una solución sino una cobardía, la voladura supuestamente controlada y retardada de la Nación.

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