El PP no se cansa de traicionar a sus votantes

EDITORIAL

Ninguna de las muchas e ilegales "estructuras de Estado" y redes clientelares –empresas públicas, plataformas soberanistas, fundaciones y demás chiringuitos– que la Administración golpista ha venido erigiendo impunemente en Cataluña desde 2012 ha brindado tanto servicio a la causa separatista –por encima incluso de la labor propagandística de la radiotelevisión pública catalana– que la adulteración de una competencia legalmente encomendada a las autonomías como es la educación.

Sin el sistemático adoctrinamiento nacionalista en las escuelas, sin el desprecio –cuando no el odio– a España que se ha inoculado en la enseñanza en los últimos 35 años no se entiende el espectacular incremento de los partidarios de la secesión, que han pasado, en las últimas décadas, de representar una exigua minoría a casi alcanzar la mitad de la población catalana.

Es cierto que, a pesar de ello, ninguna formación con representación parlamentaria atiende la amplia y transversal demanda ciudadana de quienes piden que el Estado central recupere las competencias exclusivas en educación. Sin embargo, no es menos cierto que hay formaciones como Ciudadanos y, en su día, el PP que han venido denunciando ese desvertebrador adoctrinamiento que se viene perpetrando no sólo pero muy especialmente en las escuelas de Cataluña.

Insuperable denuncia de todo lo anterior fue la brillantísima intervención de la semana pasada del diputado de Ciudadanos Toni Cantó, anticipo de la propuesta que su partido hacía este mismo martes en el Congreso destinada a dar protección a las familias que denuncien adoctrinamiento en las aulas. A pesar de contar con el apoyo de UPN, y de la ausencia de los diputados golpistas de Esquerra, tan encomiable iniciativa no ha podido salir adelante por la ominosa abstención del PP y la negativa del PSOE, de Podemos y de las formaciones nacionalistas.

La excusa que ha ofrecido el PP para justificar tan infame decisión no ha podido ser más contradictoria: por un lado ha cargado contra la negativa de Ciudadanos a aceptar su enmienda destinada a reforzar la Alta Inspección Educativa, mientras que por otro ha quitado hierro al asunto asegurando con total desvergüenza que el "adoctrinamiento" se limita a unos pocos "casos aislados".

Es cierto que de nada servirá crear una Agencia Independiente de la Alta Inspección Educativa –tal y como ha propuesto este miércoles Albert Rivera– si dicho organismo hace la misma dejación de funciones que la Alta Inspección Educativa a la que pretende relevar. Es igualmente cierto que no hace ni un mes que el PP presentó en la Comunidad Valenciana una iniciativa sobre adoctrinamiento en los colegios que Cs no apoyó.

Sea como fuere, la negligencia de los Gobiernos centrales que han permitido el adoctrinamiento separatista –por no hablar de la erradicación del español como lengua vehicular de la enseñanza– hay que apuntarla en el debe del PP y del PSOE. Ningún verso suelto de Cs en la Comunidad Valenciana ni ninguna supuesta mejora que el PP pretendiese incorporar a la proposición de Ciudadanos justifica la abstención del partido de Rajoy ante una iniciativa que respaldan la totalidad de sus votantes y los de la formación de Albert Rivera.

Resulta alucinante que el partido de Rajoy haya dejado solo a Ciudadanos en esta iniciativa, sobre todo si se recuerda que el PP sufrió el cordón sanitario del Pacto del Tinell por no sumarse al pensamiento único nacionalista. Eso, por no recordar al anterior ministro de Educación, José Antonio Wert, quien, si bien no llegó a hacer nada para impedir la hispanofobia en las escuelas catalanas, reivindicó la necesidad de erradicarla y aun apeló a la españolización de unos escolares a los que se lava el cerebro al gusto de los indeseables que actualmente están perpetrando un golpe de Estado.

En cualquier caso, ya está bien de traiciones al ideario fundacional del PP. Ya está bien de que tantos ciudadanos comprometidos con su país y con la causa de la libertad se vean sin representación parlamentaria por culpa de unos partidos supuestamente nacionales que se niegan a combatir la lacra del nacionalismo.

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