El PP no es oposición para Sánchez

EDITORIAL

Pedro Sánchez pretende eliminar la oposición. De momento lo hace por la vía de responsabilizar a los partidos tentados de fiscalizar la inacción del Gobierno de todo lo que pueda ocurrir con el coronavirus. El presidente del Gobierno parte del supuesto de que el virus es como la peste negra en la Edad Media, un castigo celestial frente al que no se puede hacer nada más que rezar al dios Sánchez y mantenerse unidos bajo el divino manto del líder socialista.

Es incapaz de reconocer sus fallos y de admitir sus culpas, incapaz de mostrar la menor solidaridad con quienes han perdido seres queridos, sus negocios o sus trabajos, incapaz de dejar a un lado la política partidista. Por eso se niega a reconocer el verdadero número de fallecidos a causa de la enfermedad. Han pasado ya muchos meses y Sánchez sigue aferrado a cifras falsas, a datos erróneos y manipulados. Preside el Gobierno que peor ha gestionado la crisis sanitaria y todavía no se ha dado por enterado.

Todo lo contrario. El líder socialista presume de su nefasta gestión y de sus funestos aliados, de Fernando Simón y de ese Podemos cercado judicialmente. Tanto le da que haya caído el PIB más de veinte puntos, que aumente el paro, que no se paguen los ERTE o que no se tramite el Ingreso Mínimo Vital, la gran promesa para no dejar a nadie atrás y que se ha convertido en el símbolo de las mentiras del Gobierno y de la incapacidad de la Administración. Tanto le da también que se agoten la existencias de medicamentos esenciales para tratar a los enfermos del coronavirus, cuando prometió que no faltarían instrumentos para combatir la segunda oleada de la enfermedad. Todas sus promesas son papel mojado, como los cambios legales que se iban a hacer para no depender del estado de alarma.

La realidad es que el Gobierno no ha aprendido nada, no ha tomado nota de nada, no ha preparado nada. A Sánchez sólo le interesa la política partidista de más baja estofa y no tener oposición. De ahí el bochornoso discurso de este lunes en la Casa de América de Madrid ante unos empresarios estupefactos por la pavorosa ausencia de medidas concretas en un discurso de una hora. Era de esperar que Sánchez no hiciera autocrítica. No tanto que fuera incapaz de desgranar una sola medida para hacer frente a la severa crisis económica que ya está encima.

La insistencia del presidente del Gobierno en reclamar unidad ciega y acrítica contrasta, por otro lado, con la débil oposición del PP, que sacrificó a su portavoz en el Congreso, Cayetana Alvarez de Toledo, para dar satisfacción a los echeniques y ferreras de turno. Hay una parte del PP que está dispuesta a hacerle el juego a Sánchez, a comulgar con el eslogan de Iván Redondo, ese "España puede" que es una burla contra los miles de españoles que lo han perdido todo por culpa de la incapacidad del Gobierno, de la soberbia de Sánchez e Iglesias, de la incompetencia de Illa y Simón, de la ineficiencia de Calviño y María Jesús Montero, de la frivolidad de Irene Montero, Isabel Celaá o del desaprecido Castells, de la estulticia de Calvo, Ábalos y los demás.

Se trata de ese PP timorato al que le preocupa más lo que vaya a hacer Álvarez de Toledo con su escaño que las graves consecuencias que tiene para los españoles que no se haga frente a individuos como Sánchez e Iglesias, que no sólo han demostrado que son capaces de llevar España a la ruina sino que chapotean en la miseria que han provocado sin que el PP sea capaz de enfrentarles con la realidad.

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