El Papa y el comunismo

EDITORIAL

El papa Francisco ha vuelto a realizar unas declaraciones de marcado carácter político que, como mínimo, cabe calificar de polémicas. En una entrevista al italiano La Repubblica, el Sumo Pontífice ha equiparado a los comunistas con los cristianos asegurando que Cristo quiere una sociedad similar a la que prometió el marxismo a los pueblos que cayeron bajo su yugo. Así pues, para el cabeza de la Iglesia Católica, el pueblo cristiano debe tomar como ejemplo la ideología responsable del asesinato de 100 millones de seres humanos y de sumir en la miseria a casi la mitad de la población mundial.

El Papa hace además estas declaraciones en el aniversario de la matanza de Paracuellos, cuando los comunistas asesinaron a más de 6.000 españoles en lo peor de la persecución anticristiana desatada durante la Guerra Civil, muchos de los cuales han sido elevados a los altares como mártires de la Iglesia. ¿Cómo es posible que el supremo dirigente de una institución que proclama el martirologio de estos fieles ponga como ejemplo de conducta cristiana a sus asesinos?

Este insulto a la memoria de los mártires españoles no es un hecho aislado en la trayectoria reciente de Francisco. Al contrario, sus recientes palabras son perfectamente coherentes con la trayectoria intelectual de un Papa que, ya desde sus tiempos de sacerdote, se ha significado siempre por su populismo ultraizquierdista.

El marxismo es un gravísimo error intelectual, cuya imposición trae siempre consigo tiranía, terror y pobreza. En el caso de un miembro de la curia católica, defender ese horrendo sistema político y proponer como modelo a quienes tratan de implantarlo a los demás es una irresponsabilidad que destruye la ejemplaridad moral que debe mostrar siempre ante su grey.

Libertad Digital no es un medio de comunicación vinculado a la Iglesia ni pretende decir a sus lectores católicos cómo han de vivir su fe. Ahora bien, conviene saber que cuando el Papa se pronuncia sobre cuestiones mundanas no lo hace ex cátedra y, por tanto, los católicos no tienen por qué seguir sus enseñanzas. Muy al contrario, sería bueno que, en casos como este, las palabras desatinadas de Bergoglio encuentren entre la feligresía el rechazo que merecen, por ser una ofensa a la inteligencia y a la memoria de todas las víctimas del comunismo que perdieron la vida proclamando su fe.

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