El Papa que media por el tirano Maduro debe recibir a la heroica Lilian Tintori

EDITORIAL

Pocas imágenes muestran con más crudeza el desamparo que sufren los venezolanos defensores de la libertad que la de Lilian Tintori encadenada en la Plaza de San Pedro del Vaticano. La mujer de Leopoldo López, prisionero del régimen de Nicolás Maduro desde hace casi dos años, pide que la Santa Sede dedique a su caso siquiera una mínima parte de la atención y el afecto que anda prodigando a sus sanguinarios carceleros.

El Vaticano tiene el impostergable deber de mostrarse sensible en un caso que interpela de forma muy clara a su papel de mediador en la crisis de Venezuela, donde la población sufre todo tipo de privaciones y miserias por culpa de un régimen criminógeno y liberticida como pocos en Iberoamérica. Así las cosas, la equidistancia no cabe de ninguna de las maneras, por más que el papa Francisco se desviva por alinearse con esa clase de progresistas que braman contra el capitalismo al que parasitan mientras se deshacen en elogios y comprensiones de despiadados asesinos como el desgraciadamente muy longevo Fidel Castro o sus cachorros bolivarianos, el también difunto Hugo Chávez y su sucesor Maduro.

El suplicio que está sufriendo Leopoldo López es especialmente sangrante. No es aceptable que una institución como la Iglesia católica desatienda a las víctimas del régimen chavista mientras se afana por dar aire en la arena internacional a sus victimarios y a sus compinches, como esos narcoterroristas de las FARC empeñados en doblegar al Estado de Derecho colombiano.

Lo mismo cabe exigir a unos partidos y medios sedicentemente progresistas que, con su silencio en torno al atropello de que está siendo objeto uno de los suyos –el partido de Leopoldo López, no se olvide, es miembro de pleno derecho de la Internacional Socialista–, dejan meridianamente claras su desfachatez, su hipocresía y su calaña, sobre todo si se tiene en cuenta las lágrimas que han derramado por la muerte del execrable Fidel Castro.

El Papa debería recibir a Lilian Tintori cuanto antes, y denunciar sin medias tintas ni ambigüedades al régimen que lo mantiene cautivo. Y los medios progresistas deberían de una maldita vez dejar de alinearse con los peores tiranos y abrazar la causa de quienes, a diferencia de ellos, predican con el ejemplo y dan la batalla por la libertad hasta las últimas consecuencias.

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