El CGPJ no se pliega

EDITORIAL

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha pedido al Congreso que se piense mejor la forma de tramitar la reforma del mismo que PSOE y Podemos han planteado y que pretenden aprobar por una vía exprés y tremendamente irregular.

La petición del Consejo probablemente no surtirá efecto, dada la pulsión totalitaria del Gobierno y su falta de respeto por las instituciones, pero no deja de ser un gesto importante y muy significativo, sobre todo si se tiene en cuenta que se ha aprobado por una amplísima mayoría de 16 votos a 5, algo más que notable para una cuestión con semejante calado político. También lo es porque se trata de un organismo que no cuenta precisamente con un historial de independencia y valentía políticas extraordinario, más bien al contrario: el CGPJ y la Judicatura en general han soportado –y, ominosamente, disfrutado– la injerencia de los partidos sin inmutarse ni levantar la voz. Recuérdese, sin ir más lejos, que este mismo CGPJ informó favorablemente del nombramiento como fiscal general del Estado de Dolores Delgado, la persona menos adecuada para el cargo que imaginarse quepa.

De hecho, en buena medida ha sido la docilidad –cuando no el colaboracionismo– de los jueces lo que ha llevado a esta situación, en la que el Gobierno menos demócrata y más liberticida de la democracia está preparando un asalto definitivo a la ya muy maltrecha independencia judicial.

En cualquier caso, eso no es excusa para lo que están intentando hacer Sánchez, Iglesias y el gang garzoniano que controla el Ministerio de Injusticia. Con la seguridad de que hagan lo que hagan les saldrá gratis, se han lanzado a una carrera sin frenos para controlar todas aquellas instituciones que puedan hacer sombra a su poder u oponerse a sus planes.

Reducido el PSOE a la nada ética e intelectual y Podemos volcado en el cambio de régimen, el Poder está en manos de una banda que está dispuesta a todo. Una banda especialmente peligrosa que cuenta con un formidable brazo mediático para intoxicar y adormecer a unos ciudadanos a los que pretenden convertir en súbditos.

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