El 20-D, una partida a tres

EDITORIAL

La encuesta publicada ayer por El País, que tanto había dado que hablar en los días previos, augura unas elecciones generales muy reñidas, de hecho las de resultado más abierto e incierto de la democracia: tanto PSOE (23,5%) y PP (23,4) como Ciudadanos (21,5) podrían ser los partidos más votados.

En el PP andan diciendo que sondeos como éste o el que les relega en Valencia a la tercera posición tienen "bastante cocina", práctica en la que ellos por supuesto jamás han incurrido ni hecho incurrir a ninguna encuestadora, privada o pública. Salvedades estupefacientes como ésta al margen, no parece que ese triple empate sea un escenario impensable, de hecho no sorprendería a una amplia mayoría de la sociedad; esa amplia mayoría que, precisamente, vota o tiene intención de votar a uno de esos tres partidos.

Parece fuera de dudas que Ciudadanos es la fuerza en auge, especialmente tras su magnífico resultado en las elecciones autonómicas catalanas, en las que el PP cosechó un formidable fracaso y donde el PSC, partido supuestamente hermano del PSOE que hace tan solo cinco años gobernaba el Principado, celebró por todo lo alto ser la fuerza predilecta para el 12,7% de quienes acudieron a votar. Con o sin cocina, Ciudadanos parece oler mejor que sus otros dos contrincantes para buena parte del electorado. Evidentemente, genera menos rechazo entre los votantes del PP que el PSOE, y que el PP entre los que se decantan por los socialistas.

Ciudadanos está en la posición en la que ha querido estar, según han proclamado sus líderes con insistencia. Una posición que, de materializarse, le permitiría ser, más que bisagra, llave.

Significativamente, Albert Rivera es el político mejor valorado y el único que tiene y un saldo positivo a la hora de cruzar los datos de simpatía y rechazo. En caso de que el Gobierno no estuviera en manos de PP o PSOE, el 59% del electorado lo querría ver de presidente. En este ámbito del tirón electoral, ni Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez –el menos valorado por sus propios electores– parecen poder siquiera plantar batalla al catalán.

El tiempo dirá si los partidos se creen los resultados de esta encuesta. Lo dirá enseguida, porque el 20 de diciembre está prácticamente a la vuelta de la esquina. ¿Seguirá el PP pretendiendo presentarse como el voto útil para frenar a un Podemos en caída libre? ¿Girará el PSOE de Pedro Sánchez a la extrema izquierda para desfondar definitivamente a la formación del devaluado Pablo Iglesias, a riesgo de cebar aún más las filas de Rivera, que acaban de convertir el Cinturón Rojo de Barcelona en el Cinturón Naranja? En cuanto a Ciudadanos, ¿será víctima del miedo escénico que a menudo acogota a quienes inesperadamente se convierten en favoritos de una competición de alto nivel?

Por otro lado y por último, en esta inédita partida a tres, paradójicamente el que gane puede perder; y una de las partes hacer las veces de juez. ¿Será Rivera quien desempeñe este último papel?

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