EEUU ningunea al Sánchez aliado de comunistas que llaman "terrorista" a la OTAN

EDITORIAL

El presidente de los EEUU, Joe Biden, ha excluido de su ronda de conversaciones en torno a la crisis de Ucrania al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ronda en la que sí han participado los gobernantes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Polonia, además de los máximos responsables de la Comisión y el Consejo de Europa, Ursula von der Leyen y Charles Michel.

España sigue siendo miembro de pleno derecho de la OTAN y uno de los países con mayor peso económico de la Unión Europea. También cabe citar la importancia de las bases militares que EEUU tiene en nuestro territorio y el rápido ofrecimiento de Sánchez a la OTAN con el envío de la fragrata Blas de Lezo, lo que hace aún más humillante el ninguneo de Biden al presidente del Gobierno, uno de los que babearon cuando el senil demócrata desalojó a Donald Trump de la Casa Blanca. Sobre todo cuando se recuerda el patético papelón que el socialista hizo en la cumbre de la OTAN del pasado junio ante un Biden que parecía no saber cómo quitárselo de en medio.

Todo parece indicar que a Sánchez –el iluminado que dijo que suprimiría el Ministrio de Defensa– le están haciendo pagar la ridícula aportación de su Gobierno a la defensa en general y a la OTAN muy en particular, así como la pérdida de prestigio internacional de España –sobre todo en EEUU– desde que a José María Aznar le sustituyera José Luis Rodríguez Zapatero, conocido por no levantarse al paso de la bandera norteamericana en un desfile oficial, por llamar a la deserción de los aliados de USA en Irak y por ser una suerte de embajador plenipotenciario de la narcotiranía chavista que devasta Venezuela. Pero, sobre todo, le están haciendo pagar la mortificante anomalía de que haya convertido a España en el único país de Occidente con comunistas empotrados en el Gobierno.

Por mucho que las elites políticas y mediaticas dirijan su hostilidad hacia Vox –formación plenamente comprometida con el orden constitucional y con la unidad y defensa de la Nación integrada en la Internacional Conservadora, a cuyos miembros recibirá Abascal en Madrid a finales de mes–, lo verdaderamente atípico e inaudito en un país democrático es, habrá que insistir, que en el Gobierno haya comunistas orgullosos de serlo.

Ya no se trata de recordar algo que no olvidan los estadounidenses, como la amenaza que ha constituido siempre el comunismo para las democracias, sino de preguntarse si alguien se imagina que otra democracia integrada en la OTAN tuviera en el Gobierno a alguien que hubiera tachado públicamente a la Alianza Atlántica de "organización de terrorismo legal", tal y como hizo en su día el ahora ministro Alberto Garzón, que ni siquiera se ha molestado en borrar el tuit infame. Con un Gobierno así, que ha tenido hasta ayer mismo como vicepresidente a un sujeto que estuvo a sueldo de la República Islámica de Irán, ¿cómo puede pretender Sánchez que EEUU le dé la menor cancha, por no hablar de concederle algo de liderazgo?

Lo más surrealista es que preguntar al Gobierno de Sánchez por el ninguneo a que le somete Biden es como preguntar por su joroba al jorobado de El jovencito Frankenstein: ¿joroba?, ¿qué joroba? Así, la portavoz Isabel Rodríguez no sólo no ha reconocido ninguneo alguno sino que ha tenido la ridícula desfachatez de afirmar que el Ejecutivo social-comunista trufado de chavistas se siente "partícipe y coautor de las decisiones del consenso de la Unión y de los aliados" y que "hacía tiempo que no se producía una relación tan extraordinaria" entre EE UU y España. Además, ha justificado la ausencia de Sánchez en la ronda de conversaciones de Biden esgrimiendo razones de "formato". Como si las videoconferencias no fueran, precisamente, un "formato" que facilita que las reuniones sean más nutridas.

Está visto que Pedro Sánchez no se cansa de hacer el ridículo con sus delirios de grandeza y que no puede aceptar la realidad tal como es; entre otras cosas, porque eso le llevaría a tener que dar explicaciones no sólo del ninguneo de Biden sino de por qué no ha comparecido en el Congreso por la crisis de Ucrania y ni siquiera ha llamado a los miembros de la oposición, empezando por el líder del PP, Pablo Casado, pese a que este último le ha prestado su apoyo desde el primer momento.

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