De Guindos, el BCE y la hipocresía del PSOE

EDITORIAL

Tal y como se esperaba, el Gobierno ha presentado esta semana de forma oficial a Luis de Guindos como candidato a la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE) bajo el argumento de que se se trata de la persona idónea para ocupar este importante cargo, mientras que el PSOE ha aprovechado la ocasión para criticar con dureza dicha propuesta blandiendo como excusa su condición de hombre. Sin embargo, ambos se equivocan.

El actual ministro de Economía no es, ni de lejos, el mejor candidato posible para ejercer de representante español en el BCE, y las razones son varias. En primer lugar, su condición de político de carrera. Es cierto que De Guindos también cuenta con experiencia profesional en el sector financiero, pero ni su trayectoria ha sido especialmente brillante ni es su principal baza para hacerse con la plaza que tanto ansía, más bien al contrario. Si De Guindos tiene alguna posibilidad, se debe, única y exclusivamente, a su condición de ministro, su buen trato con sus homólogos europeos y parte de la cúpula que gobierna Bruselas y, sobre todo, al apoyo que le brinda Alemania, previa intermediación de Rajoy.

Se supone que el directorio del BCE debe estar compuesto por profesionales de alto perfil técnico que, si bien en última instancia son nombrados por los gobiernos que componen la zona euro, deberían aparentar, al menos sobre el papel, cierta distancia e independencia del poder político, cosa que en el caso del ministro es evidente que no sucede. El hecho de que un político en activo ocupe un asiento en el BCE constituye una anomalía en la corta pero intensa historia de esta institución.

Además, la única razón por la cual De Guindos aspira a este cargo es su deseo de abandonar el Gobierno garantizándose un puesto mejor. Hace ya años que el ministro busca una salida, después de fracasar en su afán por hacerse con el control total en el área económica del Ejecutivo. Lo intentó en su día optando a la presidencia del Eurogrupo, pero le salió mal, y ahora lo vuelve a intentar aspirando al BCE. El banco central, a diferencia de otros muchos organismos europeos e internacionales, no ha sido concebido para ser un nuevo cementerio de elefantes de políticos en retirada. Hay muchos candidatos mejores que De Guindos, con perfil técnico y sobrada experiencia en esta materia, para representar a España. Su elección no tiene nada que ver con el mérito o la capacidad y sí todo con el habitual amiguismo y compadreo que tanto gusta a Rajoy.

Pero tampoco tiene razón el PSOE en sus duras críticas a la citada candidatura. Para empezar, resulta llamativo, por no decir surrealista, que la principal queja de los socialistas se centre en el género del candidato en vez de en su valía, arguyendo que la elección de De Guindos margina a las mujeres en su conjunto. Da igual que el candidato sea hombre o mujer, lo importante es que sea el mejor candidato posible. Y, aunque también cargan contra el dedazo del Gobierno, lo más grave es la profunda hipocresía que demuestra, una vez más, el PSOE. No en vano, ellos mismos enchufaron a la exministra Magdalena Álvarez para ocupar la vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones (BEI), cuyo perfil es de todo menos técnico -mucho menos técnico que el de De Guindos, desde luego-, al tiempo que escogieron a un hombre de partido como Miguel Ángel Fernández Ordóñez para ser gobernador del Banco de España, con el nefasto resultado por todos conocido. Así pues, el PSOE no puede dar ninguna lección en esta materia.

Es bueno que España esté representada en el BCE y lo ideal, por tanto, hubiera sido elegir a un profesional de reconocido prestigio que resultara completamente ajeno a los habituales y turbios cambalaches de los partidos políticos.

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