Colau, suma y sigue

EDITORIAL

Al peor regidor de Barcelona en la etapa democrática se le acumulan los problemas judiciales y los escándalos políticos, el último de los cuales tiene que ver con el enchufe de una veintena de sus altos cargos para que se conviertan en funcionarios municipales.

Es inmoral que personajes nombrados a dedo por el primer edil de una ciudad concurran a unas pruebas convocadas por la institución en la que mangonean, lo que da lugar a un evidente conflicto de intereses y levanta más que fundadas sospechas sobre un posible trato de favor. El recelo se agrava cuando resulta que las pruebas se han realizado sin un temario oficial que haga posible que todos los opositores concurran en régimen de igualdad. La ambigüedad intencionada del proceso da pie a todo tipo de corruptelas y deja indefensos a los 8.000 aspirantes inscritos que no han sido colocados en ningún sitio por Ada Colau.

Barcelona en Común, el partido de Colau, actúa como siempre hace la izquierda cuando cree que va a ser desalojada del poder: en esas circunstancias, trata de enchufar al Presupuesto al mayor número posible de afines, con lo que, por un lado, regala un sueldo fijo a personajes que tendrían muchas dificultades para encontrar una ocupación en la economía real y, por otro, se garantiza el control interno de las instituciones cuando los votantes le inflijan una derrota electoral. Íñigo Errejón, trilero que trampeaba con becas irregulares, lo expresó muy claramente en su día al indicar que una de las prioridades de la izquierda es empotrar sus redes clientelares en las instituciones para parasitar el erario cuando las urnas les sean hostiles.

Por lo demás, Colau está imputada por tratar de extorsionar a un fondo de inversión inmobiliario que se negó a cumplir sus deseos de instalar en su propiedad a varias familias de okupas, que la policía desalojó tras no pocos intentos. Por supuesto, a esta grotesca adalid de la regeneración democrática ni se le pasa por la cabeza dimitir, sino que se afana en meter a los suyos en la nómina municipal, consciente, tal vez, de que su tiempo al frente del Ayuntamiento de la Ciudad Condal está tocando a su fin.

A continuación