Clamor sanitario contra Fernando Simón

EDITORIAL

Con harto elocuente unanimidad, los 52 colegios oficiales de médicos existentes en España exigieron el pasado viernes la destitución del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, el descalificable Fernando Simón. Los representantes de los facultativos expresaron así, con ese acuerdo de su Asamblea General, el sentir mayoritario entre la profesión.

Fernando Simón no solo está siendo una figura nefasta en la crisis del coronavirus. A su incompetencia manifiesta a la hora de manejar la respuesta al covid-19 hay que añadir su vergonzoso sometimiento a las directrices del Gobierno social-comunista para tratar de ocultar su gravísima responsabilidad, a base de mentir diariamente a los ciudadanos.

Simón minimizó la gravedad y el alcance de la pandemia durante los primeros meses del año, mientras en otros países ya habían hecho sonar las alarmas y actuado en consecuencia. En víspera de las infaustas manifestaciones del 8 de marzo, se limitó a hacerse el gracioso y balbucir insensateces en lugar de dar la voz de alerta e instar a la ciudadanía a que se quedara en casa.

Simón se convirtió enseguida en una marioneta de PSOE y Podemos y en el alabardero del Gobierno, mientras España se sumía en una crisis sanitaria espantosa y el personal sanitario se veía desbordado y carecía de las condiciones mínimas para trabajar con seguridad.

Pero el director de alertas sanitarias no es solo un incompetente proteico que no ha estado jamás a la altura de las circunstancias. Ha ocultado información sensible a la población que se infectaba y moría mientras actuaba como un vulgar propagandista. Por eso es acreedor del rechazo unánime de los colegios de médicos españoles, baldón profesional que a cualquier persona con un adarme de dignidad le habría llevado a presentar su dimisión irrevocable.

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