Cataluña y PISA: la explicación

EDITORIAL

Es cierto, porque los datos no pueden negarse, que los alumnos catalanes han estado por encima de la media de España en las famosas calificaciones del Informe PISA, pero no lo es menos que, dadas las condiciones socioeconómicas de la comunidad autónoma catalana, sus resultados sólo pueden definirse como mediocres.

Cabría preguntarse a qué se debe esa paradoja de que una región que tiene todo para estar a la cabeza de la clasificación se encuentra varada en mitad de la tabla, pero lejos de lo que podría parecer la respuesta es muy sencilla: el sistema educativo catalán no logra grandes resultados porque su principal función no es enseñar, sino adoctrinar.

A eso hay que unir cuestiones cruciales como que un porcentaje altísimo de los estudiantes catalanes no están escolarizados en su lengua materna; pero en el fondo se trata del mismo problema: la inmersión lingüística es, por supuesto, una parte fundamental del programa de adoctrinamiento.

El vídeo que ha circulado estos días por internet, y del que se hacía eco Libertad Digital este miércoles, es demoledor: unos niños de seis años escenifican un sainete en el que se deforman y se sacan de contexto hechos más o menos históricos con un único objetivo: inocular desde la infancia más temprana la visión de España como ente asesino e invasor y, por tanto, merecedor del odio más visceral.

La prioridad está clara y nada podría expresarla mejor que ese profesor que va soplando a los niños frases que no entienden pero con un mensaje que sin duda va calando: lo importante no es que los niños aprendan, sino el bacilo del odio que se les está instilando desde hace un par de generaciones.

El resultado académico es el que los estudios de PISA reflejan; pero lo peor es que eso mismo está pasando en prácticamente cualquier ámbito de una sociedad catalana que está perdiendo o ha perdido ya la pujanza que en tiempos la hizo vanguardia de España en tantos campos: el cultural, el empresarial, el turístico…

La construcción nacional está teniendo un relativo éxito en Cataluña, mucho menor del esperable teniendo en cuenta el volumen ingente de recursos y el esfuerzo político que se la está destinando desde hace años; pero en ese camino se está arruinando al Principado en los terrenos económico, cultural y, por supuesto, educativo.

Cuanto más se profundice, más profundo será el hoyo y más difícil resultará salir de él. El daño que está causando el nacionalismo a Cataluña es tremendo e imperdonable.

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