Carmena no es la alcaldesa de todos los madrileños

EDITORIAL

El cierre de una céntrica terraza madrileña o la intención de subir el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) a los comercios y superficies de un determinado tamaño son tan sólo dos ejemplos, aunque muy significativos, de la "lucha de clases" que pretende resucitar Ahora Madrid en la capital de España.

Este tipo de medidas, por desgracia, demuestra una vez más que Manuela Carmena no es la alcaldesa de todos los madrileños, ni pretende ejercer como tal, sino que únicamente gobierna para los suyos, ejerciendo el poder contra los demás. Este particular modo revanchista y discriminatorio de entender la política era moneda común en la Europa de la primera mitad del siglo XX y muy característica del socialismo más radical y abyecto.

No son simples anécdotas, sino señales de alerta a tener muy en cuenta sobre el radicalismo que ha emergido en España de la mano de Podemos y otras formaciones de extrema izquierda. El Ayuntamiento de Carmena y, más concretamente, su concejala Rita Maestre han justificado el polémico cierre de la terraza del conocido restaurante Ramses empleando como excusa el incumplimiento de la normativa municipal, avanzando, además, la clausura de otras terrazas similares en el conocido Barrio de Salamanca. Pero, en caso de demostrarse dicha vulneración, ¿por qué Carmena no ha actuado igual ni ha empleado la misma contundencia con los cientos de terrazas que no cumplen a rajatabla la rígida regulación municipal? Es decir, ¿por qué unos son ilegales y otros no pese a haber cometido idéntica irregularidad?

Dicha discriminación no es casual, ni mucho menos, sino un pequeño reflejo de la ideología totalitaria que propugna Ahora Madrid y el resto de las formaciones políticas y grupos sociales afines. Lo mismo sucedió con el IBI. Carmena se abstuvo en la rebaja inicial del IBI que aprobaron de forma conjunta PP, PSOE y Ciudadanos en el Pleno municipal, pero, en lugar de ejecutar la medida, aprovechó la ocasión para decretar una subida fiscal a los comercios y grandes superficies, escudándose en la falta de ingresos. De nuevo, Ahora Madrid miente y retuerce la verdad con fines políticos. Las cuentas del Ayuntamiento arrojan, hasta ahora, un elevado superávit fiscal, de casi 1.000 millones de euros al año, fruto de la gestión presupuestaria del anterior gobierno local de Ana Botella. Pero la clave es que el auténtico objetivo de la citada subida tributaria era castigar a las grandes empresas por el mero hecho de ser grandes empresas. Es decir, lo que buscaba el sablazo fiscal no eran fines recaudatorios sino puramente ideológicos.

Esta vergonzosa y aberrante forma de actuar, valiéndose de los poderes públicos para atacar a quienes el partido considera "enemigos" -del pueblo, de la nación, de la raza...- constituye una violación flagrante del Estado de Derecho, de la igualdad ante la ley y de los principios más básicos de la democracia. Este discurso ni es nuevo ni es inocente, sino un síntoma alarmante de la profunda enfermedad ideológica que padecen ciertas formaciones, empezando por la plataforma de Manuela Carmena y Pablo Iglesias.

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