Brindando con el golpismo

EDITORIAL

En un momento en el que las relaciones entre los poderes políticos y los medios de comunicación están más en entredicho que nunca, toda una vicepresidenta del Gobierno ha viajado este lunes a Cataluña para inaugurar una edición digital regional de un periódico.

En un momento en el que el desafío independentista del nacionalismo catalán ha desbordado inequívocamente los cauces de la Ley, y a poco más de un mes para la fecha clave del referéndum secesionista, Soraya Sáenz de Santamaría ha viajado a Cataluña para brindar con altos representantes del Ejecutivo y el partido que protagonizan el golpe: el consejero de Cultura, Ferran Mascarell, y el coordinador general de CDC, Josep Rull.

Por si esto no fuese de suficiente gravedad, Santamaría no ha elegido cualquier periódico, sino que ha ido a rendir pleitesía a la última ocurrencia de Prisa: una empresa inmersa en una quiebra milmillonaria de la que se ha salvado, precisamente, por la intervención de la propia vicepresidenta, que distorsiona así, con el más burdo intervencionismo, un mercado especialmente sensible a la manipulación política.

Soraya Sáenz de Santamaría no podía haber elegido peor ocasión y momento, ya que el mensaje lanzado es tan claro como negativo. Por una parte, ha arrojado por la borda la imagen de firmeza ante el secesionismo que el Gobierno trata –sin esforzarse demasiado, ciertamente– transmitir. Por la otra, se ha visualizado, de una forma obscena, su alianza con un grupo de comunicación que ha demostrado sobradamente tanto su odio a todo lo que representa el PP como su tendencia a subordinar su línea editorial y su labor informativa a sus componendas financieras.

La vicepresidenta se despachó con unas gomosas declaraciones sobre el "diálogo fraternal" entre dos lenguas, el catalán y el español, que son "al tiempo españolas y catalanas, amadas y sentidas como propias". Lo cierto, y eso bien lo sabe Santamaría, es que sólo una de esas dos lenguas, el español, es perseguida en Cataluña, y lo es por los mismos que quieren destruir España en una fecha tan cercana como el próximo 9 de noviembre. Los mismos que hoy brindaban felices con Santamaría, vicepresidenta de algo que cada vez se parece menos a un Gobierno de España.

A continuación