Argentina se deshace del kirchnerismo

EDITORIAL

En las elecciones de este domingo, los argentinos han decidido poner fin a doce años de peronismo kirchnerista propinando un sonoro bofetón al candidato oficialista, Daniel Scioli, contundentemente derrotado por el opositor Mauricio Macri, jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde 2007.

La República Austral pone así fin a una época ominosa, a un régimen liberticida que ha practicado el caciquismo a gran escala, perseguido con saña a los medios críticos, despilfarrado de una manera asombrosa los recursos públicos, arrasado el tejido productivo, espantado a los inversores extranjeros –y saqueado a los nacionales– y envenenado la convivencia entre los argentinos mediante una tergiversación escandalosa de los trágicos años 70 y una retórica incendiaria de lucha de clases. En el plano internacional, ha arrastrado por el fango la marca país argentina con bochornosas expropiaciones de compañías multinacionales, vinculándose estrechamente a la funesta tiranía que detenta el poder en Venezuela desde los tiempos del golpista Hugo Chávez Frías y, según el más que probablemente asesinado fiscal Nisman, conchabándose con la República Islámica de Irán para el cierre en falso del caso abierto por la matanza de la AMIA, el peor atentado registrado en suelo argentino desde la restauración de la democracia, por el que la Justicia del país sudamericano pide cuentas a funcionarios iraníes del más alto nivel.

La Argentina está, pues, en una hora decisiva. No en vano se han escuchado ya voces que comparan el momento actual con 1983, año del advenimiento de la democracia luego de la tétrica noche oscura de la última dictadura militar. Al nuevo mandatario le espera una tarea titánica, pues el país, que lamentablemente hace mucho dejó de ser referente ya no a escala mundial, como lo fue a inicios del siglo XX, sino ni siquiera a escala regional, está en un estado deplorable, con unas infraestructuras socioeconómicas muy por debajo de lo que necesita para prosperar en estos días. Por si fuera poco, es previsible que afronte una oposición harto destructiva por parte del peronismo, que fuera del poder se ha solido manifestar como una fuerza profundamente desestabilizadora, especialmente los sindicatos, de una violencia y un juego sucio difícilmente imaginables en otro tipo de latitudes.

Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Entre tanto, cabe saludar esta derrota del kirchnerismo liberticida, tan caro aquí en España a sujetos como Juan Carlos Monedero, y desear que la próxima buena nueva provenga de Venezuela. Pero eso sería casi un milagro, habida cuenta del régimen electoral que rige en la República Bolivariana, sujeto a todo tipo de arbitrariedades y manipulaciones, y a la tremebunda represión que perpetran los matones de Nicolás Maduro contra los activistas por la democracia, mientras la comunidad internacional mira para otro lado.

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