Aragonès renueva las amenazas separatistas

EDITORIAL

La sesión de investidura de Pere Aragonès como nuevo presidente de la Generalidad contó con la participación destacada de Oriol Junqueras, condenado a 13 años de cárcel por sedición y malversación de fondos públicos al que el propio Gobierno catalán, faltaría más, concedió el oportuno permiso penitenciario.

El golpista Junqueras fue recibido con todos los honores a las puertas del parlamento regional de Cataluña, a cuyo interior accedió entre ovaciones y con el puño en alto para que no quede ninguna duda de quién ha gestionado este pacto de gobernabilidad que deja en manos de ERC y JxCat las riendas de la Generalidad.

Si ya resulta anómalo que un personaje condenado por intentar un golpe de Estado pueda asistir a este tipo de actos institucionales, más lo fueron las palabras del flamante presidente regional catalán que, en su primer discurso como presidente, confirmó su intención de romper nuevamente el orden constitucional al anunciar la celebración de un referéndum de independencia.

Sin embargo, nadie puede extrañarse de que el programa del nuevo Ejecutivo regional catalán consista fundamentalmente en saltarse la ley y destruir la democracia, tratándose de un Gobierno pactado por dos golpistas encarcelados, Sánchez y Junqueras, y un prófugo de la Justicia, Puigdemont, que permanece agazapado en tierras belgas para no hacerles compañía en la cárcel.

Una sentencia demasiado benévola para la gravedad de los delitos juzgados y la esperanza fundada en unos indultos que podrían producirse a muy corto plazo dan alas a los sediciosos para renovar sus amenazas contra el régimen constitucional español. Pero es la presencia de Sánchez en La Moncloa lo que da sentido a este ataque permanente a la democracia y el Estado de Derecho, perpetrada por los separatistas a lomos de un Gobierno autonómico.

Junqueras y Puigdemont saben que tienen a Sánchez en sus manos y en tal condición actúan. La vergüenza ocurrida en el parlamento regional catalán el pasado viernes es solo una etapa más de un viaje hacia el precipicio al que Sánchez pretende llevar a toda España, con el único propósito de seguir en el poder.

A continuación