Al PP se le agota el tiempo

EDITORIAL

Sólo quedan dos meses para las elecciones generales y las perspectivas para el Partido Popular con cualquier cosa menos halagüeñas. De hecho ya hay encuestas que sitúan a la formación de Mariano Rajoy, que en 2011 obtuvo una resonante victoria electoral, con el 45% de los votos, en tercera posición, con poco más del 20% de los sufragios.

Las encuestas apuntan a que va a perder la mitad de los votos que obtuvo hace cuatro años y sitúan siempre a su candidato, el presidente Rajoy, como uno de los políticos peor valorados. En cuanto a las elecciones que se vienen celebrando en los últimos tiempos, el PP las cuenta por fracasos, algunos especialmente sonados; sin ir más lejo, el cosechado en las más recientes, las autonómicas catalanas, donde quedó penúltimo en las fuerzas parlamentarias, a enorme distancia del partido que le viene comiendo terreno de manera implacable, Ciudadanos.

¿Cómo está reaccionando el PP ante este estado de cosas? Con espectáculos bochornosos protagonizados por bochornosos ministros como Margallo y Montoro y con crisis dramáticas y grotescas como la que se ha saldado con la dimisión de Arantza Quiroga en su filial vasca.

¿Cómo piensa atraer el PP a sus potenciales votantes? ¿Poniendo en valor el desempeño del impopularísmo Mariano Rajoy, que transmite menos confianza que entusiasmo? ¿Haciendo uso y abuso del impresentable voto del miedo, ahora que –afortunadamente– se desinfla Podemos? ¿Recurriendo al romo realismo del voto útil desde la tercera posición en las encuestas? ¿Colocando a Soraya Sáenz de Santamaría en todo programa que se preste al saltimbanquismo cool?

Al PP se le agota el tiempo y no da la menor muestra de reaccionar para no acabar como el partido del que, paradójicamente, se ha proclamado heredero en tiempos menos turbulentos, la UCD que pasó del todo a la nada en un santiamén, para mayor gloria del PSOE y consternación del centroderecha, que tardó catorce muy largos años en volver al poder.

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