Ahora Madrid, contra la Policía Municipal

EDITORIAL

Uno de los numerosos efectos perversos que conlleva el ejercicio del poder político por parte de la extrema izquierda y los movimientos antisistema, tal y como sucede en las ciudades y autonomías gobernadas por partidos radicales como Podemos, es el hecho de intentar vender a la opinión pública como algo normal lo que, en el fondo, no es sino una aberración, un sinsentido y una anormalidad desde el punto de vista democrático, jurídico y moral. Sólo así se puede entender la insólita actitud que está mostrando Ahora Madrid con la Policía Municipal de la capital de España.

Primero fue la portavoz del Ayuntamiento, Rita Maestre, la que, en un acto de indudable desprecio y desdén hacia este cuerpo de funcionarios públicos, acusó el pasado jueves a la Policía de mentir sobre los golpes que recibieron dos de sus agentes, propinados por un grupo de manteros a los que habían apercibido por vender bolsos y ropa en la Gran Vía. De hecho, Maestre, además de minimizar las heridas sufridas, casi justificó la agresión al señalar que "la persona detenida no está muy contenta de ser detenida y en esos procesos se producen forcejeos".

Sin embargo, lejos de rectificar semejante afrenta, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se reunió al día siguiente con los representantes de los manteros, sin importar lo más mínimo la grave polémica generada por su portavoz y demostrando con ello el poco o nulo respeto que le merecen los trabajadores que se encargan de la seguridad de los madrileños y de hacer cumplir las ordenanzas municipales.

Que Maestre haya llamado posteriormente a los sindicatos policiales para disculparse no vale de nada si no rectifica públicamente sus declaraciones y comparece ante la prensa para pedir perdón. Es lógico y normal que los representantes de la Policía Municipal hayan exigido el cese inmediato de Maestre, ya que resulta inconcebible en el marco de un Estado de Derecho que un representante político se ponga del lado de quien agrede e incumple la ley, mientras criminaliza a los encargados de hacerla cumplir. Es, simplemente, el mundo al revés. Pero, por desgracia, no es el primero ni será el último caso, tal y como evidencia, por ejemplo, la ayuda y el apoyo que han recibido los okupas tanto en Madrid como en Barcelona.

Es insólito que un Ayuntamiento se posicione en contra de su Policía Municipal, hasta el punto de cuestionar o minimizar las agresiones recibidas en el ejercicio de su trabajo. Y sorprendente que se proteja a los manteros cuando dicha actividad no está amparada por la ley ni por las ordenanzas municipales. De hecho, no deja de resultar paradójico que Carmena se autoproclame defensora de los manteros, muchos de los cuales se dedican a vender discos y películas en el mercado negro, habiéndose convertido, al mismo tiempo, en el nuevo referente del artisteo patrio, quienes han hecho de la lucha contra la piratería una de sus grandes banderas

Ante tal dislate cabría preguntarse, pues, si Carmena volverá a ser recibida en los Goya como una gran heroína, tal y como sucedió en la pasada edición. Y lo curioso es que la respuesta más probable es sí. En primer lugar, porque Carmena es una de los suyos, y a los propios todo se perdona, y, en segundo término porque el muy subvencionado cine español ni siquiera se consigue vender en las mantas a precio de saldo.

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