Rajoy no lee a Rallo… ¿O sí?

Domingo Soriano

¿Nuestros políticos se equivocan de buena fe? Es decir, ¿son ignorantes o malvados? Viendo las tropelías que cada semana publican en el BOE, uno piensa: "No puede ser que no lo sepan". Es que día tras día reinciden en los mismos errores y mantienen recetas que se han probado inútiles en el pasado.

Por otro lado, escuchando sus explicaciones y sus pésimos argumentos, te entran las dudas. Quizá es que simplemente no tienen ni idea. Lo hacen porque no saben. Tampoco es que eso te tranquilice. La verdad es que es difícil saber qué es mejor.

El problema es que no pueden decir que no se les ha avisado. Hay decenas (bueno, quizá no) de buenos economistas que llevan unos cuantos años anticipando lo que va a pasar, explicándoles por qué no van a funcionar esas leyes que presentan con tanto alboroto, ofreciéndoles pistas sobre el camino que deberían seguir. Pero no les hacen ni caso. ¿Es que no les leen o es que directamente pasan de ellos?

De entre todos, pocos hay más precisos que Juan Ramón Rallo. Al leer Crónicas de la Gran Recesión II (2010 -2012), uno vuelve a sentir la misma sensación que tuvo con el primer volumen: esa mezcla de envidia (sana) ante un articulista tan certero, pena (profunda) por el escaso eco que en los despachos gubernamentales tiene su discurso y esperanza (¿ingenua?) en lo que un economista tan joven y brillante pueda ofrecer a su país en las próximas décadas si le dejan sus políticos.

Habrá quien piense que me ciega un sentimiento de compañerismo con Rallo, y el hecho de que muchas de las columnas del volumen aparecieran primero en Libertad Digital. Pues bien, que ese alguien abra el libro y comience a leer. Verá que me quedo corto. Hace un par de años, el primer Crónicas se iniciaba con el artículo "Se acabó la fiesta". Escrito en el verano de 2007. Busquen a ver quién pronosticaba entonces la magnitud de lo que se nos venía encima.

La segunda parte comienza igual de bien –es un decir–: "Sorpresa, los estados también quiebran". Cuidado, no crean ustedes que este artículo es de mediados de 2011, cuando la prima de riesgo española se disparaba por encima de los 600 puntos. No. Rallo habla en enero de 2010, según van llegando las primeras noticias de la crisis griega, ésa que nos decían que estaba controlada porque un país de la Eurozona no podía quebrar. Y nos advierte, en ese momento, de que los españoles tenemos "el síndrome del nuevo rico incapaz de administrar sus finanzas y que termina por arruinarse".

Y sigue. Porque en esos días la esperanza era Rajoy. Claro, la culpa era del PSOE. De un Gobierno incapaz. Sólo había que esperar a que llegara el PP, los sensatos, los buenos gestores. No para Rallo. Por eso, su segundo artículo (qué bien escogida está la lista) se titula "Zapatero no sirve, Rajoy tampoco", en el que advierte al hoy presidente de que su mera llegada a La Moncloa no servirá de nada: sus propuestas son, en el mejor de los casos, una retahíla de buenas intenciones que se quedan a medio camino y, en el peor, una continuación de las políticas ya fracasadas.

Son 100 artículos, pero no se leen como piezas sueltas. Son más bien como las teselas que conforman un mosaico. Unas son advertencias: "La hiperinflación no es un problema… de momento" o "Techo de deuda: jugándoselo todo a la ruleta del crecimiento"; otras sirven como consejo para quien quiera escuchar: "La reforma laboral que España necesita" o "No regulemos la banca, dejemos de privilegiarla"; y algunas más son una lúcida descripción del acontecimiento de la semana: "Grecia, un parque temático socialista" o "Por qué Arenas perdió en Andalucía". Todas están cortadas por el mismo patrón, todas miran al fondo del problema. Sólo conociendo el origen seremos capaces de ofrecer soluciones válidas.

Como sabrán los que siguen a su autor cada semana, el libro es muy fácil de leer. Y las magníficas ilustraciones de Pablo Jiménez Recio son el complemento perfecto. A Mariano no le costaría más de un fin de semana. Este verano podría llevárselo en la maleta. Y echarle un vistazo mientras descansa. Dirán algunos que no serviría de nada; lo pasado, pasado está. Pero podría ser un comienzo. Quizá después de ver sus errores expuestos de forma tan precisa comenzaría a buscar a nuestro joven economista en los diferentes medios en los que colabora. O le llamaría para pedirle consejo. Porque hay algo que está claro: Rajoy no lee a Rallo… ¿O sí? No sé cuál de las dos respuestas me daría más miedo.

Juan Ramón Rallo: Crónicas de la Gran Recesión II (2010 – 2011). Unión Editorial, Madrid, 2013, 434 páginas. Prólogo de Daniel Lacalle e ilustraciones de Pablo Jiménez Recio.

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