Dicen que serás libre para todo... menos para aquello que te garantiza de verdad la libertad

Domingo Soriano

El peor error del liberalismo fue la parcelación. Libertades económicas y libertades políticas. Como si éstas fueran posibles sin aquellas.

A los políticos les encanta la idea. Puedes ser libre para lo que quieras, te dicen, pero el sustento diario déjamelo a mí. De hecho, parece hasta más cómodo, una idea llena de atractivos. Ellos te garantizan que podrás comer y, con ese mínimo asegurado, vivir como quieras. De eso va, y por eso es tan popular, la renta básica.

El problema es que es mentira, claro. Sin libertad económica, que comienza (y casi diríamos que termina) con el derecho de propiedad, nada está garantizado. Si nos quitan lo que tenemos, nos quitan lo que somos y lo que queremos ser. Una vez que estás en sus manos para sobrevivir, nada te garantiza que no aprieten esas manos cuando les desobedeces.

Algunos amigos, sobre todo a la izquierda, sonríen con condescendencia cuando les digo que tengan cuidado, que el cheque de la ayuda social siempre tiene cara B y que la retórica del "derecho" (como si te dieran el cheque a cambio de nada) se puede volver en tu contra. El día que uses ese derecho y la libertad que, en teoría, te garantiza, de una forma que no les guste... encontrarán una excusa para retirarlo.

Nos quieren dependientes, incluso han hecho leyes y departamentos con ese nombre, como si fuera bueno. Dependientes de ellos, no de los nuestros ni de lo nuestro. "No tendrás nada y serás feliz" nos dicen los que tienen mucho. Ellos sí tendrán (poder y dinero), porque de su propiedad y de sus privilegios no será tan fácil que se desprendan. Y porque acumularán más poder con cada ley. Los demás nos tendremos que conformar con que Amazon nos traiga las cosas a casa, con alquilar lo que vayamos a utilizar, con trabajar de acuerdo a las reglas que nos imponen y con la renta básica, que nos la pagan ellos. Es una idea terrible, de las que destrozan sociedades a medio plazo, y especialmente dañina para las familias más humildes.

Ahora que en España comienza un nuevo ataque (no mucho más grave ni mucho más severo que otros) a la propiedad a través de una subida de impuestos que se centrará, y no es casualidad, en Patrimonio y Sucesiones, convendría que no lo olvidásemos. Si no nos gustaron Zapatero o Rajoy, si no nos gustan Sánchez o Feijóo, la primera línea de defensa está en nuestro patrimonio.

Las pensiones públicas, por ejemplo, no son sólo insostenibles. Lo peor del sistema de pensiones no es la tensión permanente entre ingresos y gastos. Ni siquiera hablo de una evidencia y es que en lo que respecta a las reglas financieras, estamos en sus manos: deciden por nosotros cómo organizar nuestra jubilación y a qué nos dará derecho (un "derecho" peculiar, porque nos lo quitan, limitan, restringen o modifican a voluntad).

Lo realmente grave es esa idea de que nos digan cuándo jubilarnos y en qué condiciones. Una decisión tan personal e importante, en manos de gente de la que nos fiamos tan poco. Ahora, a los pocos que tenían algo de control sobre esa cuestión (los autónomos) también se lo quieren quitar. Nos aseguran que es porque eligen mal y les quedan pensiones muy bajas. Por nuestro bien, menos libertad; para ayudarnos, nos dejan inermes y sin capacidad de maniobra.

¿Y a qué viene esto ahora? Pues a que en las últimas semanas he tenido muchas conversaciones sobre finanzas personales, patrimonio y ahorro al hilo de la presentación del curso de El Despertador de Tu Dinero que impulsa el equipo de Tu Dinero Nunca Duerme, entre los que me encuentro. Tanto en las citas con público como en las entrevistas, la conversación gira rápidamente a la política. Estás hablando de cómo gestionar ingresos y gastos, en qué activos invertir o cómo planificar a medio plazo tu patrimonio, y rápidamente te preguntan por Sánchez, Calviño, Montero, Díaz o Escrivá. Lo entiendo en parte por nuestra condición de periodistas y en parte porque este Gobierno preocupa todavía más que otros: pocas personas pueden hacerle más daño a tu economía que los citados y sus colegas. Pero también tengo la sensación de que casi nunca extraemos las conclusiones pertinentes: si no queremos depender de lo que hagan o digan, los que están ahora y los que les sucederán (y que quizás buenos les harán), construyamos un patrimonio para nosotros y para los nuestros. No hay nada que nos libere y nos aleje tanto de los caprichos del gobernante de turno. Por eso no les gusta que lo hagamos, por eso lo odian y por eso lo atacan. Nos dicen que nos quieren libres para todo (ahora ya podemos escoger incluso nuestro género, que tampoco tengo muy claro lo que es, entre decenas de opciones) pero al mismo tiempo que es mejor que no tengamos nada, para que en el fondo sigamos dependiendo de ellos cada día. Libres, pero sin aquello que nos garantiza de verdad la libertad de mandarles a paseo.

Luego nos aseguran que no se meterán en nuestras vidas. Y lo cierto es que ya lo hacen. Los dos últimos años son la prueba perfecta de lo dañino que resulta creerles y confiar en ellos.

A continuación