Definición de heteropatriarcado

Domingo Soriano

"Yo por ellas, madre; y ellas por mí" o "Por nuestras, abuelas, madres nietas e hijas", decía Irene Montero en redes sociales en la última campaña electoral. Lo de unir a las mujeres del pasado con las del presente y el futuro no es nuevo: las abuelas y las que serán nietas, enlazadas por un hilo invisible. Como imagen es poderosa, porque toca la fibra sensible y porque apela a una realidad: las mujeres del presente deben mucho a las que les precedieron.

No es que me parezca mal. Ni bien ni mal, en realidad; si acaso, me parece que está entre los más sensatos de todos los lemas que corea la ortodoxia actual. Pero me sorprende que nadie haga lo mismo en el otro lado.

Me explico: cuando analizamos el feminismo oficial, no podemos obviar que estamos ante un movimiento político, que busca el apoyo y la simpatía de la mitad del electorado. Y están teniendo éxito: en muchos países occidentales, el voto femenino, que tradicionalmente ha sido de derechas, está cambiando de bando en las urnas en las últimas décadas. Pero, por el mismo motivo, hay otra mitad del electorado a la que se podría apelar. Alguien podría decir "por ellos, por mi padre y por mi abuelo; y por mis hijos; y ellos por mí". Lo que pasa es que esto no lo dice nadie.

De hecho, lo más que se hace es asumir que sí, que es cierto, que las mujeres vivían en un mundo injusto hasta hace unos años. Y se insinúa, se afirma con rotundidad o como mínimo está implícito, que era culpa de ellos, claro. Que aquel mundo lo habían diseñado ellos para que sufrieran ellas. Y que ahora, aunque afortunadamente nos manejamos con criterios diferentes a los del pasado, podemos todavía encontrar restos de lo que significó todo aquello. A mí, qué quieren que les diga, siempre me ha parecido tirando a insultante esta visión. Para ellos (los que se supone sometían) y para ellas (las que se dejaban o lo permitían).

Insultante y falsa. Claro que la sociedad del año 1000 y del 1500 y del 1900 era más violenta que la actual. Para ellas, por supuesto. Y para ellos. Era una sociedad basada en la fuerza física y en la lucha diaria por la supervivencia. No porque alguien la hubiera diseñado así, sino porque era la fuerza de los músculos la que generaba la energía necesaria para alimentarse, vestirse, construir una casa, calentarse, protegerse... Y era la fuerza de la prole, de los 5-6-7 hijos que tenía cada una de aquellas familias, la que aseguraba la supervivencia en el largo plazo.

En esa sociedad, las normas se ajustaban a lo que a través de un proceso muy largo de prueba y error iban comprobando que funcionaba. Unas normas que en gran parte eran consecuencia de las circunstancias en las que vivían. ¿Que era injusto, visto de 2022, que una mujer no pudiera heredar? Sí, igual que era injusto que no heredaran los segundones, obligados a buscarse la vida en el ejército o el clero. Pero, ¿era más o menos injusto que la obligación que tenían sus hermanos varones a acudir a apagar el fuego cuando había un incendio? ¿O a lanzarse a un camino incierto y peligroso a vender los frutos del terreno familiar? ¿O a defender el poblado cuando aparecían en el horizonte las velas vikingas? Porque ahí unos (unas) se iban al bosque a resguardarse y los otros cogían el hacha, se santiguaban y subían a la empalizada.

¿Quién quedaba en mejor (o peor) situación tras el acumulado de todas esas normas: el que heredaba, decidía, mandaba y moría (porque morían antes ellos y de forma más violenta) o la que paría (también con riesgo de su vida), cuidaba, obedecía y a la que protegían (porque las protegían a ellas)? Muchos paréntesis y matices para una sola pregunta. Sinceramente, desde mi comodidad de 2022, soy incapaz de responderla. Quizás porque no tiene respuesta.

Afortunadamente, el mundo es un lugar más seguro y menos violento que hace 150 años. Por no hablar de hace 1.000 o 2.000 años. Y según hemos conseguido que lo fuera, también se han ido cambiando unas normas y costumbres que nunca fueron diseñadas contra nadie. Por cierto, otro apunte, normas que que no son propias de nuestra cultura: si acaso, Occidente fue el lugar en el que siempre se avanzó más en igualar la situación de unos y otras. Si algo ayudó a los hombres y a las mujeres del pasado fueron el legado ético del cristianismo (con la aportación de griegos y romanos) y el fruto de la riqueza que genera el capitalismo (el hijo económico inevitable de aquel cristianismo).

Pensaba en esto de la igualdad viendo las fotos de la guerra en Ucrania que estos días se desarrolla ante nosotros. Porque en lo demás, en la igualdad ante la ley y en los derechos, estamos en el punto de llegada que se siempre se anheló. Algunos incluso pensamos que se ha ido más allá y ahora se consolida una desigualdad legislativa de la que en teoría huíamos (desigualdad en sentido contrario, pero ahí está).

Pero en lo de la empalizada y el refugio en el bosque... ahí seguimos casi como cuando los que aparecían en el horizonte eran los hijos de Thor. Las mujeres y los niños primero, como en el Titanic. Y me parece bien. En esta sociedad absurda y acomodada hasta el extremo que quiere huir de la naturaleza, no ya para protegerse de su furia como hacían nuestros abuelos, sino para reinventarse en algo que no sabe lo que es; digo que en esta sociedad, vemos con asombro como miles de hombres (y no sé yo si las medianías que poblamos Occidente ahora merecemos ese sustantivo) al sentir el aliento del peligro cogen de nuevo su hacha y se dirigen al frente. Y les dicen a sus mujeres : Cuida de nuestros hijos y nuestro hogar; yo estaré ahí fuera, intentando detener a los bárbaros" (por ejemplo, este reportaje de El Mundo, emocionantísimo, de Alberto Rojas con las refugiadas que llegan a la frontera polaca).

También vemos en las fotografías que cada vez hay mujeres que se suman al esfuerzo bélico (otro signo positivo de esos tiempos mejores en los que vivimos). Porque sí, las hay, pero menos. Por pura condición física y porque puede que no seamos tan iguales en absolutamente todo. O quizás porque en parte, no en todo ni de forma determinista, sí tenga algo de verdad eso que decía Gary Becker y que tantos insultos le costó, que al final unos y otros se especializan en lo que mejor saben hacer. Porque ellos sienten que tienen que salir ahí fuera con sus fusiles a defender a sus mujeres y a sus hijos, con miedo y sintiendo que perderán (porque tiene pinta de que los nuestros perderán); y ellas saben que su tarea más importante ahora es hacer que ellos recuerden por qué luchan. Cuando terminen, esperamos que vuelvan al siglo XXI, a ser uno cirujano y la otra ingeniera; uno reponedor y la otra peluquera. Puede que ellas ganen más y que tengan un mejor empleo; o puede que no.

Quizás la película que más he visto en mi vida sea Algunos hombres buenos. Creo que la revisito cada cierto tiempo sólo para ver esa escena en la que Demi Moore le dice al personaje que interpreta Kevin Pollak "¿Por qué les odias tanto?" "Porque atacaron al débil. Le atormentaron y le torturaron. Y lo hicieron porque no les gustaba, porque no podía correr".

Tiene razón Pollak; ellos, a veces, hacen esas cosas malas y no deberían hacerlas. Los muy malos y los que son peores que malos, como Vladimir, también suelen ser ellos. Porque está claro que las cosas malas, sobre todo las que implican violencia, las hacen mucho más ellos que ellas. Lo que ocurre es que creía que estábamos en un tiempo en el que la estadística no debería ser parte del Código Penal.

Vuelvo a mi escena. Porque el momento grande llega cuando le devuelven la pregunta a la capitana de corbeta que interpreta Moore. "¿Por qué te gustan tanto?" Ella responde sin dudarlo: "Porque protegen el muro. Ellos me dicen: ‘Puedes dormir tranquila: nadie te hará daño esta noche, no durante mi guardia". Y sí, también suelen ser ellos los que protegen el muro. En la guerra y en el cuerpo de bomberos, en el túnel para rescatar a unos mineros y en la sima para sacar a unos niños perdidos. Lo fueron en el pasado, lo son en el presente y lo serán en el futuro. Digo yo que alguien podría decirlo: "Por ellos, por los de antes y los de ahora".

Este miércoles Pedro Sánchez ha anunciado que enviaremos armas al ejército ucraniano. No me cabe en la cabeza cómo podemos involucrarnos en un asunto así; una guerra en la que los héroes, los nombres y las hazañas (y las barbaridades) que recordaremos serán en un 90% masculinas. Además, habrá mucho de esto en los dos bandos porque, pensemos lo que pensemos de Vladimir, las heroicidades y las miserias se producirán a cada lado de la línea de fuego.

Volviendo a España, no entiendo que los miembros de Podemos, que no quieren ayudar a los ucranianos (y no quieren), dejen pasar el argumento definitivo. En el próximo Consejo de Ministros, que alguien de este Gobierno feminista, verde y progresista le pida a su presidente que mire las fotos que llegan desde el frente. Para que compruebe con sus propios ojos que estos tipos están yendo a la guerra sin ningún tipo de perspectiva de género. ¿Quieren una definición de heteropatriarcado para la próxima campaña del Ministerio de Igualdad? Pues ahí la tienen.

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