El Atlético, una guardería de adultos con insultos, quejas y demasiadas excusas

David Vinuesa

No reconozco al Atlético de Madrid de Simeone. Me esfuerzo en encontrar a ese equipo que convertía cada partido en un dolor de muelas para el rival y no lo veo por ningún lado. Tampoco veo al conjunto que el año pasado ganó la Liga en Valladolid. Cojo al equipo, miro por arriba y por abajo, doy la vuelta, doy otra más por si acaso y nada, que no veo al Atlético de Madrid de Simeone. Ha desaparecido. Sus mejores jugadores también. Su entrenador, más de lo mismo. Se han esfumado. Alguien le dijo al Atlético de Madrid que debía cambiar su ADN y su modo de ser y con una falta de personalidad brutal, la plantilla y el entrenador parecen haber hecho caso a los que, casualmente, obvian el rojo y tiran más por el blanco.

Este Atlético, ahora mismo, es una auténtica guardería de señores que se tiran más tiempo protestando que actuando. Analizas un partido del conjunto rojiblanco y tienes quejas, insultos, aspavientos, caras de sufrimiento, llantos reprimidos, rostros de miedo, rabietas, broncas entre compañeros, cabezas agachadas cuando reciben un gol... Vamos, lo que ocurre en una guardería con niños y niñas que aún están muy lejos de la palabra madurez. ¿Es esto normal en un equipo campeón? Ni de broma.

Cansa y mucho la falta de madurez que tiene el Atlético de Madrid. Solo hay que repasar los principales focos de conflicto que hay ahora mismo alrededor del equipo. Uno de ellos es que Luis Suárez, que ni la tocó en el partido ante el Sevilla, se ponga a insultar a diestro y siniestro al ser justamente cambiado. Repito, justamente cambiado. Además, monta el lío cuando sabe que el equipo está mal y que tiene 20 cámaras apuntándole para ver si echa más leña al fuego. Y Suárez, con casi 35 añazos, coge el bidón de gasolina y lo tira a las llamas como si tuviera 16. Luego está el caso Joao Félix-Simeone. Un caso en el que ambos se están comportando, a mi parecer, como auténticos niños orgullosos. Uno piensa que nada es culpa suya, que es un genio incomprendido y que el profe le tiene manía y el otro se ha empeñado en demostrarnos a todos y al propio Joao que él tiene la razón absoluta y que jamás cambiará por nada ni por nadie. En vez de pensar de una vez por todas que unidos sacarán beneficio mutuo, ellos siguen con su guerra personal de "soy tan bueno que no necesito defender" y "no te pongo aunque contigo el equipo se vuelve 10 veces mejor". De locos.

De verdad, ya está bien de guarderías en el Wanda Metropolitano. Basta ya de 1000 discursos vacíos sobre primeras partes tiradas a la basura y de jugadores y cuerpo técnico que hablan mucho y hacen poco. Estamos hablando de profesionales, muchos de una edad ya considerable, que se tiran más tiempo lamentándose que yendo con el cuchillo entre los dientes a por el rival. El Sevilla les ganó así, con el machete afilado, no con discursos. Y así está funcionando el Atlético de Madrid 2021/2022. Señores de 35 años insultando al ser cambiados, jóvenes promesas a las que le piden correr y no les gusta, palabras vacías sobre errores que no deben volver a cometer y se cometen sistemáticamente, un entrenador que por cabezonería no saca lo que debe sacar... ¿Cuál es el resultado? Un vestuario de hombres actuando como niños y un equipo campeón que, teniendo una plantilla de escándalo, se empeña en tirar la Liga en diciembre mientras pone morritos de enfado.

Ojo a lo que voy a decir. Que se entienda bien lo que quiero decir. Este Atlético, desde Simeone a Saponjic, necesita meterse en el vestuario y soltarlo todo. Gritos, insultos, quejas, verdades a la cara, un poco de zarandeo sin llegar a mayores a lo Luis Aragonés y Samuel Eto’o... Lo que quieran. Que se pongan a parir. Que suelten toda la mierda acumulada y después... a currar. A trabajar de verdad. A cabrearse cuando les meten un gol, no a poner cara de "jo, es que no es culpa mía" y señalar al compañero. Si me meten muchos goles en centros laterales, todo el día despejando centros laterales. Si me cambian porque no he tocado balón, trabajo el doble para tener la razón con resultados y goles, no con aspavientos. Si me piden que defienda, defiendo. Y sí Simeone, también toca que metas a Joao Félix en el despacho para llegar a un acuerdo, porque tú le necesitas a él y él te necesita a ti. Tenéis 120 millones de razones para dejaros de combatir cada uno por su lado. ¿No os gusta a ninguno de los dos? Pues "es lo que hay", como diría Koeman, que del orgullo no se sacan tres puntos por partido.

El Atlético está a tiempo de cambiar de cara. No me bajo de ese barco. Hay plantilla y entrenador para revertir la situación yendo paso a paso y con un vestuario maduro, que a fin de cuentas es lo que es, no lo que dan la sensación de ser este año. Actuando más que hablando. Trabajando más y quejándose menos. Con orgullo en el campo, no fuera de él. Al Atlético le queda el partido de Granada y volver después de Navidad con ganas de hacer un gran 2022. Tragar sangre e insistir. Como dijo Torres en su despedida, ahora toca barro y toca tener el doble de fe. Seguro que los de siempre, los de pasar frío en el Calderón, que no los de Twitter, no fallarán. Ánimo y a seguir. Queda mucho.

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