Dudar de Oblak es dudar de las migas de tu madre

David Vinuesa

Horas después del partido entre el Atlético y la Real Sociedad, mi compañero de Radio Marca, Pablo Parra, me pidió una opinión para su informativo sobre las posibles críticas hacia Jan Oblak porque, siendo sinceros, tuvo un día horrible ante el conjunto de Imanol Alguacil. Pues bien, voy a empezar esta columna usando la misma metáfora que utilice ayer en Marca: dudar de Oblak es dudar de las migas de tu madre.

Ojo, hay que diferenciar entre la crítica y poner en duda a un portero como el esloveno. Para mí, por supuesto que se puede criticar a Jan Oblak, Simeone, Suárez o a Son Goku si es menester, sobre todo porque los más grandes también necesitan de esa exigencia, pero criticar, no poner en duda una tonelada de hechos por un gramo de errores. Y por desgracia eso pasa en las mejores casas. Hay un tanto por ciento de las aficiones, también en la del Atlético, que vive de un veletismo ilustrado que no aprende de ninguna lección recibida aunque hayan tropezado con la misma piedra 50 veces. Porque los ‘asesinos’ de futbolistas viven de gritar, callar y excusarse. Gritaban contra Correa y se callaron en Valladolid. Koke se tenía que ir en 2020 y el año pasado levantó la Liga. Pidieron banquillo para Luis Suárez y el uruguayo los retrató de nuevo en Getafe o San Siro. Y por supuesto son abanderados del "Cholo, vete ya" cada vez que el equipo tiene un tropiezo. Jamás se han visto más ‘zascas’ repartidos por un entrenador y tras 10 años de regresos a la cueva del veletismo, no han aprendido a tener un mínimo de paciencia.

Con Oblak pasará más de lo mismo que con Simeone, Correa, Lemar, Carrasco, Suárez, Griezmann, Koke... Exactamente lo mismo. Y serán exactamente los mismos veletistas ilustrados los que volverán a la cueva con la cabeza apuntando al suelo y usando su mítica excusa: "A ver, yo siempre he confiado en él, pero es que en ese momento...". No cuela. Cuando siempre has confiado, asesinado y después rogado perdón a casi todos los jugadores de tu equipo durante todas las temporadas existentes, déjate de excusas, eres un veletista ilustrado. No os escondáis. Lo sois. Tampoco pasa nada, es un país libre. Os gusta serlo cuando gritáis, aunque no tanto cuando os toca rectificar. Pasa con aficionados y sí, también con periodistas.

¿Y por qué he puesto el ejemplo de las migas? Porque Jan Oblak, como si de una madre se tratase, lleva poniendo sobre la mesa del Atlético de Madrid unos platos de migas que tiemblas de gusto cada vez que te los puedes meter en el cuerpo. Siete años de migas eslovenas. Para comer, merendar y cenar. El primer día en Grecia le salieron mal, es cierto, hubo que tirarlas allá por 2014, pero el resto de años, Zamora tras Zamora, se ha marcado unas migas de estrella Michelin. ¿Acaso serías capaz de tener el morro de decirle a tu madre, tras años y años de migas espectaculares, que lo mismo ha pasado su mejor momento porque un día tenga un descuido con la sal? No seas desagradecido, por favor. Si un día, por ejemplo ante la Real, Jan se pasó con la sal, te comes las migas, te mantienes agradecido por lo que te ha dado años atrás y punto en boca. Como mucho y de forma muy sutil le puedes decir que hoy sobraba un poco de sal, pero con cuidado, respeto y cariño. Traducción: criticar sí, asesinar no.

Y seguiré manteniendo que tenemos un problema muy serio en este país con la nula diferencia entre crítica y ‘asesinato’, respaldada además por la excusa que antes he mencionado. No se puede uno esconder siempre en "lo que pasaba en ese momento" y menos en mi gremio, en el cual me incluyo, por supuesto. Aprendamos un poco de los errores pasados. No le vendamos a la gente que ‘asesinar’ es ‘exigir’ porque, seamos serios, si los aficionados nos exigiesen de verdad a nosotros los periodistas... Uy, si lo hiciesen de verdad. No imagino a un médico fallando un diagnóstico 5 años seguidos y manteniendo su puesto de trabajo. Eso sí, no me hace falta imaginar a periodistas vendiendo exclusivas que no se hacen realidad y encima sacando posteriormente partido de sus errores. Pero bueno, no quiero hablar aquí de platos franceses sino de migas eslovenas. ¡Otro plato, Jan, por favor!

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