El PSOE prefiere que te mueras

Daniel Rodríguez Herrera

La izquierda, al menos la actual, ve la ideología como una serie de ideas fijas, inamovibles e imposibles de matizar. Algunas de ellas son absurdas; pero, de hecho, cuanto más absurdas son mejor les sirven, porque permite distinguir a los verdaderos creyentes de esa gentuza de clase obrera que hasta hace nada formaba su base, compuesta hoy por universitarios bien de carreras de letras que se consideran precariado porque no encuentran una salida laboral a sus estudios de filología trilingüe o, si por un milagro logran trabajar, porque no les da para tener un pisito de 80 metros cuadrados en Malasaña donde vivir a solas con sus gatos.

Así, sin ir más lejos, hemos pasado de un apoyo genérico a la sanidad del Estado como la mejor forma de cuidar de la salud de todos a que la pancarta del corazón verde en favor de la sanidad pública excluya cualquier tipo de colaboración público-privada, sin evaluar si mejora o no la calidad y el servicio o si es un método eficaz de reducir las listas de espera. No estamos hablando de que los pacientes tengan que pagar a una empresa privada para ser operados; sus cuidados los sufragan las mismas comunidades autónomas que pagan a los médicos de los hospitales y centros de salud que gestionan directamente. No estamos hablando, como siempre lo han caricaturizado estos caraduras, de que tengas que entrar en el hospital con la tarjeta de crédito entre los dientes. No: son siempre esquemas en que paga el Estado.

Dentro de ese fanatismo, pudimos ver cómo la ocultadora de pederastas y el corrupto azud, nada más llegar al poder, le quitaron la concesión a la empresa que gestionaba el hospital de Alcira; para sorpresa de nadie, al pasar a ser gestionado por políticos y funcionarios, las listas de espera comenzaron a crecer. Pero dio igual, porque lo que les importaba no era la atención, el cuidado y la mejora de la salud de los enfermos, sino "eliminar de la ecuación el beneficio empresarial", según aseguró Carmen Montón, a la que premiaron con un ascenso de consejera a ministra del ramo ese mismo año. Sí, es cierto que el PSOE no ha llegado a oponerse a las donaciones de Amancio Ortega de máquinas especializadas para tratar el cáncer, como hizo Podemos, pero visto su historial parece solamente cuestión de tiempo y oportunidad, no de principio.

Con ese mismo espíritu, el Gobierno ha anunciado que prohibirá a las comunidades autónomas derivar pacientes a la sanidad privada para aligerar las listas de espera. Es decir, que con tal de que nadie en la sanidad privada reciba un euro público, nuestras amables izquierdas prefieren que te mueras esperando tratamiento. Los pacientes, es decir, usted y yo, les importamos una higa. Lo que importa es que ellos se sientan buenas personas porque luchan contra los malos, es decir, contra los médicos que trabajan en la privada, que como todos sabemos son en muchos casos los mismos que trabajan en la pública; contra los proveedores de material médico y las empresas farmacéuticas, que surten tanto al sistema público como al privado. Lo realmente importante es que todo el dinero dedicado a gestión de la sanidad se lo queden políticos y funcionarios, no empresarios ni gestores privados.

Pero lo hacen a costa de tu salud y de la mía. Si te mueres, pues que te mueras. Si esperar de más te produce consecuencias negativas perfectamente evitables si te hubieran tratado en la privada con dinero público, uy que pena, ya haremos un reportaje sobre tu desgracia, siempre que vivas en una comunidad autónoma gobernada por la derecha nacional, claro. Lo importante es la fidelidad a la idea de que todo aquel involucrado en tu salud debe estar a sueldo del Estado. El sectarismo por encima de todo. Especialmente por encima de los más pobres, que no tienen para pagarse un seguro privado, aquellos que dicen proteger por encima de todo.

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