La subida de tipos se acerca: ¿hasta cuando puede aguantar Europa?

Daniel Rodríguez Asensio

El debate está abierto: Los mercados ya empiezan a descontar subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo. De hecho, esta misma semana ya se ha comenzado a especular sobre la posibilidad de que la primera subida de tipos se produzca en el mes de julio.

¿Es esto posible? ¿Es necesario? ¿Es conveniente? Vayamos por partes.

Que el BCE va a subir tipos y lo va a hacer este año es algo que llevamos anticipando en esta columna desde hace meses. La inflación está descontrolada en Europa, los desequilibrios financieros se acumulan y, sobre todo, las subidas de tipos en lugares como Estados Unidos o Inglaterra es un elemento inflacionista adicional que debemos tener en cuenta.

Ahora bien, ¿es julio el momento adecuado? Los que llevamos defendiendo una política monetaria mucho más restrictiva desde hace años siempre hemos apostado por la comunicación de una hoja de ruta clara al mercado de subidas de tipos y eliminación del QE con el tiempo suficiente para que los agentes económicos puedan actuar en consecuencia.

La FED lo intentó, comunicando hace meses que iba a iniciar una senda de subidas de tipos a mediados de este año. Algo que está cumpliendo, aunque adelantando algunas medidas y reduciendo su impacto. Merece la pena recordar (lean) que la FED subió 0,25 puntos básicos menos de lo previsto y adelantó ligeramente su decisión. Ahora el mercado descuenta muchas más subidas de tipos y más agresivas de las que realmente serán, pero lo importante es que está cumpliendo con lo comunicado al mercado, y eso es lo más importante porque es la única manera de que haya posibilidades de evitar una crisis financiera sin precedentes como consecuencia del cambio de estrategia monetaria.

Estamos a abril y el BCE no ha hablado oficialmente de subir tipos. Esto significa que, en caso de que los subiera en julio, los agentes económicos tendrían apenas 3 meses para moverse en unos mercados financieros dominados por la incertidumbre. Y eso tiene un peligro claro. Imagínese que usted presta dinero a alguien que está muy endeudado pero piensa que puede estarlo de por vida porque paga pocos tipos de interés, que su situación de liquidez se lo puede permitir y que así va a continuar durante muchos años. Ahora, imagínese que estas expectativas no se cumplen, que de un día para otro los tipos de interés sube y nadie más le presta dinero para hacer frente a sus necesidades de liquidez. ¿Qué ocurre? Que deja de pagarle. Usted pierde su dinero y, además, tiene más cuidado cuando se lo preste a otra persona.

Pues ese es problema al que se enfrenta la Eurozona. Estados, empresas y ciudadanos se han acostumbrado al dinero gratis, los niveles de endeudamiento (especialmente público y corporativo) se han disparado en los últimos años, y ahora se pueden ver en una situación de estrangulamiento financiero que derive en una crisis bancaria.

Basta ver la evolución del Euribor para darse cuenta de que los tipos de interés en los mercados minoristas ya están subiendo. Algunos llevamos advirtiendo de que la financiación a empresas (especialmente en países como España) se estaba dificultando desde hace meses. Ahora, esta tendencia se amplía a familias y a los bonos del Tesoro.

¿Cuál es la única manera de evitar esta situación? Dar tiempo para amoldarse a la nueva política. Ahora bien, el tiempo es un recurso escaso para el BCE. La inflación está disparada, no hay ningún síntoma de que vaya a remitir y, además, algunos países como Alemania se enfrentan a una posible recesión técnica este mismo trimestre. Además, el BCE es el principal comprador de deuda soberana de muchos países europeos, por lo que la reducción del volumen de compras supone un problema adicional de financiación que no debemos olvidar.

Cerrar el grifo y subir tipos en un período de tiempo tan corto es un riesgo muy importante. Es por eso que yo creo que es más lógico pensar en comenzar las subidas de tipos en septiembre/octubre, siempre que se comunique al mercado en la próxima reunión del BCE.

La gran pregunta es: ¿Podrá aguantar Europa sin subir tipos hasta entonces? Los datos de precios en el sector industrial y de importaciones demuestran que la inflación aún no ha tocado techo. El escenario más favorable es una ralentización del ritmo de crecimiento, pero va a seguir al alza. Por otra parte, aunque en este momento ningún indicador muestre un impacto notable de la crisis de Ucrania en las principales economías de la Eurozona, esto no ha hecho más que empezar y la ralentización económica (en el mejor de los casos) está asegurada. Todo lo anterior siempre que las cosas vayan como la FED ha planeado y no se produzca un empeoramiento súbito de las condiciones financieras, que es un riesgo a la baja que no debemos descartar.

Lo que parece evidente es que si sube los tipos en julio daría una sensación de urgencia que no es buena para nadie. Veremos lo que ocurre. Mi apuesta, con la información con la que cuento en este momento, continúa siendo septiembre/octubre, aunque luego tendrá que ejecutar una senda de subidas de tipos y de abandono del QE más agresiva que la FED.

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