Siete razones económicas que explican el descrédito internacional de España

Daniel Rodríguez Asensio

La dicotomía entra salud y economía no existe. Y mucho menos en una pandemia como la que estamos viviendo. Lo vimos en algunos países durante la primera ola (Taiwan, Suecia, Corea del Norte, etc.), y deberíamos de sentirnos orgullosos de verlo también en algunos lugares de España durante esta segunda. 

Madrid es, a día de hoy, una de las capitales europeas con menor incidencia de la Covid-19 y, tras la gestión prácticamente autónoma de esta segunda ola, también es una de las comunidades autónomas que está creciendo. Lleva dos meses consecutivos creando 1 de cada 3 empleos en España y, tras la publicación de la contabilidad regional correspondiente al tercer trimestre del año, también está creciendo casi 9 puntos porcentuales por encima de la media nacional. 

Si evitar una crisis en W en Europa (es decir, una vuelta a tasas de crecimiento negativas durante el último trimestre del año) es una tarea prácticamente imposible a día de hoy es, precisamente, porque los gestores europeos no han sido capaces de dar la tecla para mantener a raya el virus sin imponer duras restricciones. Como consecuencia, la actividad económica se está desplomando en países como Italia, Reino Unido o Francia mientras en Estados Unidos o Noruega permanece en niveles estables. 

Ha bastado permitir a las comunidades autónomas la gestión de esta crisis para que España deje de estar a la cola de crecimiento y a la cabeza en incidencia de la pandemia. Claro que esto, una vez más, deja en evidencia al Gobierno de la Nación y, algo que es muy importante, demuestra que la cadena de errores de la primera ola no acabó con el confinamiento domiciliario masivo, sino que se agravó. 

Dicho de otra manera: el descrédito internacional de este gobierno está siendo mayúsculo. La gestión sanitaria está siendo la punta del iceberg, pero por la parte aparentemente invisible (la económica), merece la pena también señalar algunas de las perlas que nos han ido dejando los miembros de nuestro Ejecutivo, con aportaciones de destacados y reputados miembros incluidas. A saber:

  1. Credibilidad: ya antes de esta crisis, la crisis reputacional y la falta de credibilidad de este gobierno era palpable. Debemos recordar, a tal efecto, que el compromiso inicial de déficit del gobierno de España en la etapa de Rajoy era del 1,3% del PIB. Mucho se podrá criticar al último gobierno del PP por cuestiones económicas y sociales, pero no por falta de cumplimiento de sus compromisos con Bruselas. España recuperó un lugar privilegiado en Europa y ahuyentó la falta de confianza gracias al estricto cumplimiento de sus acuerdos. Hasta que llegó Pedro Sánchez a Moncloa. Merece la pena recordar que una de sus primeras medidas fue elevar el objetivo de déficit al 2%, incumplirlo publicando un 2,5%... y que fuera Europa quien nos corrigiera y advirtiera de que el dato final había sido un 2,8%. Esto supone 8 décimas más de lo acordado y 1,5 puntos porcentuales (más de 15.000 millones de euros) más de lo firmado inicialmente. Ya saben: "hay espacio para gastar más".
  2. Ocultación: el pasado 4 de marzo de este año, Nadia Calviño respondió al ser interpelada que los impactos económicos de esta crisis serán "poco significativos". Hoy España está a la cola de crecimiento económico para 2020 y recuperación para 2021, y lidera los dudosos ranking de paro, paro juvenil y déficit público para los próximos años.
  3. Planes E: el pasado 17 de marzo Sánchez anunció "la mayor movilización de recursos económicos de la historia reciente de España". En total, avales por valor de 100.000 millones de euros que fueron, fundamentalmente, destinados a pagar impuestos. En el último documento hecho público por la Unión Europea señala a España como el país que menos planes de ayuda a empresas tiene previsto apoyar. 

     

  4. Zapatero: varios miembros del gobierno han alardeado de que "las medidas en esta crisis han sido totalmente opuestas a las desarrolladas en la crisis anterior". Ante lo cual la comunidad internacional se pregunta quién era aquel PSOE que gobernó España entre 2008 y 2011, sacando adelante políticas tan reconocidamente fallidas y perniciosas en el medio y largo plazo como fue el Plan E, ahora replicado por Pedro Sánchez con su Plan de Vuelta a 2011.
  5. ERTE: por cierto, que si por algo ha sido reconocido nuestro país durante esta crisis ha sido por una menor destrucción del mercado laboral. Algo que ha sido debido, fundamentalmente, a la reforma laboral del 2012, y muy especialmente a los ERTE, un elemento que ha añadido flexibilidad en un momento crítico y ha salvaguardado empleos durante este período de tiempo. Una reforma, recordemos, que este Gobierno pretende derogar, razón por la que ha sido apercibido por organismos nacionales e internacionales. 
  6. Avisos de Bruselas: la carrera hacia el descrédito y la destrucción de la confianza internacional está siendo de tal calibre que la Comisión Europea nos ha vuelto a enviar un nuevo aviso esta misma semana con su veredicto sobre el proyecto de Presupuestos Generales del Estado.  Un documento que nos aprueba porque no quieren generar problemas e inestabilidad adicionales a los que ya existen con el bloqueo de Hungría y Polonia a los fondos de reconstrucción (programa Next Generation EU), es decir, porque entramos en el café para todos, pero sobre el que advierten del desajuste en ingresos por las nuevas figuras tributarias podría ascender a los 1.000 millones de euros, un 25% sobre la recaudación total; de que el cuadro macro está desactualizado porque no incluye los efectos de la segunda ola del Covid19 y de la sostenibilidad de nuestras finanzas públicas en el medio y largo plazo presenta serias dudas. 
  7. Desequilibrios: si a este análisis añadimos una deuda pública que continúa en máximos históricos y ya asciende al 114% del PIB, según el Banco de España; y una evolución en los próximos años que la va a situar en niveles cercanos al 120% (y sin bajar) según la AIReF, las perspectivas no son nada halagüeñas. 

Veremos si la Unión Europea consigue salvar el hándicap de Hungría y Polonia para desbloquear definitivamente los fondos de Next Generation EU. Una circunstancia necesaria pero no suficiente, como ya hemos explicado en esta columna. En caso contrario, siempre podremos acudir al MEDE, aunque con una condicionalidad mucho más dura. 

Albergo serias dudas, sin embargo, acerca de la capacidad de endeudamiento que debería asumir España en los próximos años en caso de que los fondos europeos no lleguen para cumplir las promesas del gobierno de Sánchez. Esta semana, Luis de Guindos ha vuelto a apercibir sobre la posibilidad de que esta crisis económica se convierta en una crisis bancaria. Algo que, de ocurrir, cortaría el grifo de crédito de un día para otro para países como España. 

La credibilidad internacional tarda mucho tiempo en construirse y muy poco en destruirse. Nosotros ya hemos gastado todos nuestros cartuchos. La desconfianza continúa ahí fuera, y es cuestión de tiempo que salga a la luz de seguir por el camino que estamos eligiendo. 

De esta crisis podemos salir más fuertes, claro que sí. Pero para ello deberíamos procurar no cometer exactamente los mismos errores que nos hizo extremadamente débiles en la última y aprender de quienes lo hicieron mejor que nosotros desde el principio. Porque, como bien dijo Einstein: "Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".

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