Egipto como referencia

Daniel Pipes

Desde que el general Abdul Fatah al Sisi derrocara a Mohamed Morsi el 3 de julio, el Gobierno encabezado por los militares se ha dedicado a reprimir ferozmente a los Hermanos Musulmanesy, en general, a los islamistas (aunque algunos de ellos, como los salafistas del partido Nur, que juegan sus cartas con cautela, por ahora han evitado los problemas).

La campaña no sólo ha sido violenta –con más de mil muertos– y legalista –con la Hermandad prohibida y su cúpula encarcelada–, sino en buena medida cultural, económica y religiosa. Incluso la menor muestra de aprobación a los Hermanos Musulmanes puede meterle a uno en líos con los vecinos, cuando no con el Estado. Un amplio sector de la población apoya la represión y la exige. He aquí alguno de los numerosísimos ejemplos de ello:

  • Mohamed Yusef, campeón egipcio de kung fu, se encontró con que le habían quitado su medalla y le habían prohibido participar en competiciones después de que manifestara su apoyo a Mohamed Morsi llevando una camiseta con el símbolo de los partidarios del ex presidente, una mano abierta mostrando cuatro dedos.

  • El general Mohamed Farid el Tohamy, el capo antiislamista de Mubarak, ha vuelto dos años y medio después de caer en desgracia y de ser investigado. Ahora se dice que es el principaldefensor y artífice del intento de destruir a los Hermanos Musulmanes. "Era el más extremista, estaba completamente sin reformar", dice en privado un diplomático occidental. "Hablaba como si la revolución de 2011 nunca hubiera tenido lugar".

  • El activista laico Ahmed Belal instó, con el apoyo del movimiento Rebelión, a boicotearnegocios propiedad de los Hermanos Musulmanes, lo que les causó graves pérdidas económicas. Algunos negocios propiedad de salafistas lo tienen aún peor, ya que no sólo los boicotean, sino que les prenden fuego.

  • Después de que hubiera padres que protestaron porque directores y profesores de escuelas vinculadas a los Hermanos Musulmanes estaban incitando a la violencia contra la Policía y el Ejército, el Ministerio de Educación despidió a 95 de ellos.

El resultado de estas actuaciones tiene muchísima importancia, no sólo en Egipto, sino mucho más allá. Si la represión lograra aislar, debilitar y destruir a los islamistas, otros la copiarían en otros lugares. Pero si fracasa, la campaña quedará desacreditada y no se repetirá.

Por tanto, todos aquellos que deseamos ver destruido al bárbaro movimiento islamista debemos apoyar la campaña de Sisi, aunque nos distanciemos de algunas de sus tácticas.

© elmed.io - Daniel Pipes

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