Real Madrid-Barcelona 2011. El gol de Cristiano, el primer título de Mou

Daniel Blanco

Valencia era la ciudad elegida, como la anterior ocasión en la que se habían cruzado en una final de Copa, en 1990, y como lo fue tres años después cuando también disputaron el partido decisivo. El 20 de abril de 2011 la expectación era máxima, el mundo del fútbol se paralizó para vivir un partido apasionante, aquel que iba a decidir el primer título de la temporada, y lo iba a hacer entre los dos enemigos acérrimos.

Una semana antes la población adicta al fútbol había explosionado del todo por una circunstancia. Los dos equipos habían solventado sus compromisos de cuartos de final de la Champions y lo habían hecho con mucha solvencia. El Barcelona se había deshecho del Shaktar ucraniano y el Madrid del Tottenham. Esa noche del 13 de abril ya sabíamos lo que se nos venía encima y era un terremoto futbolístico. En dieciséis días los dos grandes del fútbol se iban a ver cuatro veces. Ese fin de semana en Liga, en la final referida y en las semifinales de la máxima competición europea. Una locura.

El partido que nos concierne es aquella final de Miércoles Santo en Mestalla. No había favoritos aunque el único precedente ese año había sido el 5-0 del Camp Nou en Liga. Pero de ese partido aprendió el Madrid y aprendió gracias a Mourinho. Nada más acabar aquel encuentro el técnico portugués quitó significado a la derrota en rueda de prensa. "Es duro, pero es fácil de digerir porque no podemos estar peor".

Con el campeonato muy encarrilado para el Barcelona, la final llegaba en un momento crucial para el madridismo. Mourinho se probaba en el proyecto para que el Barcelona no hiciera el triplete de nuevo. Cuatro días antes un empate en el Bernabéu había dejado el torneo casero muy decidido. La Copa era otra cosa. Lo que se vivió en Mestalla esa noche fue para el recuerdo. La intensidad, las ganas de los dos equipos, los dos estilos tan contrapuestos. La garra, el orden táctico y la presión madridista, frente al toque azulgrana que dispuso de alguna ocasión buena en la primera parte.

La segunda fue más igualada y la prórroga fue el justo premio. Del partido quedará el gol anulado a Pedro por milímetros. Acertó el juez de línea pero Guardiola, tras el partido, tiró de sorna para decir que, aunque acertado, había tenido una vista privilegiada. Al tiempo extra llegaban los dos equipos con las fuerzas justas en una batalla descomunal por el cetro copero. Un torneo algo dejado en los últimos años para los dos que tomaba una relevancia extrema esa noche.

Del partido queda el golazo de Cristiano, una fuerza de la naturaleza, perfectamente descrito en ese vuelo para rematar de cabeza el centro de Di Maria. Un gol soberbio. El Madrid ganaba el título, el primero de la era Mourinho en la casa blanca y la forma de acercarse a un equipo que tocaba techo con su fútbol. Semanas después el Barcelona despachaba un partido antológico ante el Manchester United en la final de la Champions. Esa forma de jugar se ha vuelto a ver muy poco en la ciudad Condal.

El título engrandecía al Madrid y estrechaba las diferencias entre los dos, muy grandes los últimos años. Una semana después se veían las caras por un puesto en la final europea. Mourinho también había conseguido poner al Madrid en unas semifinales, ocho años después tras varios fracasos continentales. De esos partidos ya nos encargaremos pero empezaba a nacer una rivalidad absolutamente épica en nuestro fútbol, grandiosa si lo ves con perspectiva pero dañina vivida en el momento.

De ese miércoles santo salió el primer título de Copa del equipo blanco tras dieciocho años y la primera alegría de la época Mou, no muy fructífera para el Madrid si de títulos hablamos (una Copa y una Liga) pero da la sensación que dejó una división que pocas veces se había visto en el madridismo. Encuentras a tantos adeptos como críticos. Sin embargo se recuerdan esos tres años. Será por algo.

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