Luis Rubiales se pone serio

Daniel Blanco

Cabizbajo, con la sensación de haber sido traicionado, con las ideas claras aunque la voz algo quebrada. A Luis Rubiales le costaba sostener la compostura en una situación así. Comparecía ante la prensa una hora y media después de lo previsto. Señal inequívoca de que la reunión, en donde se iba a decidir el futuro del seleccionador, había sido larga. La decisión había sido dura, pero quizá la única forma de salir del túnel. Lopetegui era destituido a dos días del comienzo del Mundial.

Mucho se ha hablado de las formas del presidente, de la decisión que "rompe la armonía del fútbol español", de un ataque de cuernos despiadado, de unas rencillas personales, de un "yo mando aquí y no me torea nadie". Mucho se ha hablado del momento inoportuno, del bien de España que ha quedado en entredicho. Pero poco se habla de otros dos actores fundamentales en esta historia. El Real Madrid y el, hasta hoy, seleccionador nacional, Julen Lopetegui.

De los primeros poco que decir. Ellos van a lo suyo, los intereses de una empresa poco tienen que ver, en la mayoría de ocasiones, con el bien de un país. España es una cosa, la selección otra, el Madrid otra. Lo único reprochable, quizá, no avisar a Luis Rubiales de las negociaciones. La única mancha. El momento inoportuno. Pensar en el seleccionador la semana del comienzo del Mundial. Pero, en definitiva, comprensible tras la marcha de Zidane, y las prisas que le entrarían a cualquiera en esta situación.

Del segundo, de Julen, mucho que hablar. Para bien y para mal. Él no puede rechazar un ofertón del Madrid. En cambio, sí decir que esperen al final del Mundial, que todo sea discreto, difícil conseguirlo, pero es la única manera de mantener unas formas que se están perdiendo en el mundo del fútbol. Pudo hablar con su presidente por el bien del grupo que conoce hace dos años, por el bien de la selección. Le pudo decir al Madrid que hablen entre Federación y club. Lo que no puede hacer Lopetegui es aceptar sin más, con la renovación firmada desde el 18 de mayo. Le convierte en el malo de la película, le hace ser el actor poco gracioso de un sainete histórico.

Pero el villano es Rubiales de cara a casi todo el mundo. Ha puesto el punto y final a la historia de la manera más sensata si tenemos en cuenta que pretende defender los intereses de la Federación y éstos pasan, inexorablemente, porque no se rían de ti, porque no te oculten una información básica para el desarrollo del Mundial. La decisión es absolutamente impopular porque este seleccionador ha hecho un grupo fantástico y porque se produce a 48 horas del debut. Pero es la única solución posible.

Rubiales es el último que sale a la prensa y para tomar la postura más costosa. Nada que reprocharle. El Madrid tomó su decisión, Julen la suya y Rubiales ha tomado la conveniente para sus intereses. No matemos al apaleado, encima que tiene que llevar a sus espaldas el lastre de serlo. Seamos coherentes.

Daniel Blanco es subdirector de El primer palo

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